texto, por iván sierra fotos, por abelardo martín
Estilismo y coordinación de moda: Jonás Rocha. Modelo: Iván Sierra. Agradecimientos a Ronnie Barragán
A finales de 1989, hace exactamente cinco años, la cantante Gloria de los Ángeles Treviño Ruiz, mejor conocida como Gloria Trevi, irrumpe en los escenarios con un estilo desfachatado, irreverente, incluso contestatario, a la vez que tierno, juguetón. Llega, para decirlo en una palabra, arromperlelamadrealestilofresitaimperan-teentrelasartistasjuveniles. Uf.
Yo, con la tierna edad de 15 años, me hice fan de ella de inmediato. ¡Las rolas de Gloria me venían como anillo al dedo! Como ella, yo también quería aventarme por la ventana, escapar de casa, gritarle a todos, incluidos mis padres, que podían guardarse lo que pensaran de mí, que me dejaran en paz; como ella, yo también me preguntaba qué hacía justamente aquí, en un mundo frío, indiferente, hipócrita; como ella, yo también tenía sueños rebeldes, revueltos, locos y enamorados. Empecé a contagiarme del entusiasmo con el que Gloria echaba abajo la escenografía de los programas de TV en los que se presentaba. Empecé a vestirme a escondidas, frente al espejo de mi cuarto, como la Trevi: con medias de mi madre que llenaba de agujeros; con zapatos envejecidos a fuerza de azotarlos, de pisotearlos, de enterrarlos y desenterrarlos en el jardín; con una playera en la cabeza como pelo suelto. Y hacía caras de gatita primero tierna y, luego, agresiva. Sé lo que piensan: tenía 15 años, no 5, pero LES VALE VERGA, ¿OKEY?
Mi madre la detestaba. Me decía que era un producto comercial, igual que Lucerito, igual que Alejandra Guzmán, un producto minuciosamente confeccionado en el laboratorio de algún productor. “¿Crees que se viste así por gusto? ¡Por Dios! Si le hubieran dicho que saliera a cantar vestida de avispón verde, júralo que así andaría”. Yo, para defender a la Trevi, me revolcaba en el piso, lloriqueaba, hacía rabietas. “¡Lo que pasa es que le tienes envidia porque ella no es sumisa y amargada como tú!”, gritoneaba justo antes de recibir una cachetada por respuesta.
No me importaba. Al final, como siempre, yo tomaba mis Walkman y me iba a platicar con Gloria. Ella me hacía saber que yo no estaba solo, que ella estaba ahí. Yo, por mi parte, le confesaba que, a pesar de todo y contra todos, yo la seguiría hasta donde fuera.
Así que, cuando en
Vice me pidieron que entrevistara a Gloria Trevi (sí, ¡a Gloria Trevi!), me cagué: iba a entrevistar a mi ídola, a la que me sacó de una infancia gris, a la que me infundió el valor necesario para confesarle un día a mis padres que me gustan los hombres, que dejaran de preguntarme cuándo chingados iba a conseguirme una novia. No mames, iba a verla, a decirle: “Hola, Gloria. ¿Cómo has estado?”. Iba a abrazarla. Ay, no, qué emoción, qué cosa tan chingona.
