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DOS & DON'TS
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¡LUCES! ¡CÁMARA! ¡COMIDA!Los premios de la Academia son un finísimo eventoPALABRAS Y FOTOS, POR MELVIN SMACK
Sentado en el cuarto de vapor del Four Seasons de Los Ángeles con un vaso de agua de pepino en la mano, consintiéndome antes de la edición 81 de los premios de la Academia, me pregunté: “¿Qué deleites tendrá esta velada para mí?”. Era mi primera vez en LA. Un amigo míouna celebridad cuya identidad mantendré en el anonimatohabía sido nominado a un Óscar. Fui a brindarle mi apoyo moral y a empaparme del esplendor y glamour de Hollywood en la cena de los Óscares del Governors Ball, que es justo después del evento más importante del año para todos los imbéciles que han hecho, actuado o visto una película. Cuando arribé a la ceremoniasintiéndome, aunque nervioso, como un millón de dólares con patas, pude ver a los grandes, como a Danny Glover, la estrella de Lethal weapon 3, y a Sean Penn, de Shanghai surprise. La esposa de Ferris Bueller, Sarah Jessica Parker, pasó junto a mí con un tipo que le sostenía la parte posterior del vestido para que éste no tocara la alfombra roja. Su aroma llegó hasta mí y era hermoso. Según lo que pude presenciar, el sostienevestidos pasó la noche entera con ella, todo el tiempo al pendiente de que el vestido, de SJP, no se ensuciara. Nuestro anfitrión de la noche, Hugh Jackman, estrella de algo llamado X-Men origins: Wolverine, brincó al escenario y procedió a hacernos reír con hilarantes anécdotas sobre Hollywood y sus vaivenes. Me reí a sabiendas de que soy de Londres y este lugar es para mí como una pintura que Liberace pudo haber hecho en LSD. Jackman fue seguido de horas y horas y horas de un sincero discurso de Danny Boyle, quien realmente me hizo reflexionar sobre los problemas que tienen los niños de la India. Mientras menos sentía mi culo, más me importaban los tristes niños de la India. Sin embargo, lo único que todos estos rodeos hacían era retrasar el motivo de mi venida a Los Ángeles y a los Óscares: el Governors Ball y la comida que sirven después de que todos dejan de sollozar por lo grandioso que es todo el mundo. Pero hay un problema: a lo largo de la noche, si te levantas durante los comerciales para ir al baño y te pierdes el conteo que se hace antes de regresar al aire, como se cierran todas las puertas hasta el siguiente corte, un ocupaasientos se sienta en tu lugar para que el show no luzca vacío y no se entristezcan todos los huevones que ven el programa por TV desde el puto sofá de su casa. Así que fui por un vaso de agua y tuve que esperar veinte minutos sólo para descubrir al final que la barra no era libre y que no traía efectivo. Por primera vez en la historia del Óscar, el bebedero fue puesto a buen uso. Las estrellas y los agentes de las estrellas me vieron como si me estuviera sacando cagada del culo con las manos y dibujando con ella en la pared. Y después no me permitieron volver a entrar.
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