CHARLAS EN PRENDA
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ENTREVISTAS Y FOTOS, POR FELIX NICKLAS
Berlín es pobre, pero sexy. Al menos es lo que el alcalde se dice a sí mismo. La realidad es que la ciudad es pobre y está sucia y que casi todos viven de la asistencia pública. Cuando el servicio de bienestar se termina, toda la ciudad corre a la cadena de casas de empeño, la cual opera un monopolio virtual de bienes afianzados. Debido a esto, todas las casas de empeño se ven iguales: una franquicia de la pobreza. Por razones de seguros, todas las cosas finas e interesantes son puestas bajo llave en un búnker supersecreto y sólo son sacadas cada tantos meses para su subasta. Stephan Goebel, el padrino del empeño en Berlín, controla la cadena.
Vice: ¿Así que eres el puño de acero controlador de las casas de empeño de Berlín?
Stephan Goebel: Sí, todos hacen lo que yo digo porque soy el ejecutivo del grupo Pfandkredit. No encontrarás a nadie que no esté relacionado conmigo.
¿La repugnante economía ha cambiado el negocio?
En realidad, no. La gente de Berlín está, y siempre ha estado, en contra del dinero.
¿Qué es lo que la gente normalmente trae a tu negocio?
Sólo acepto cosas con un valor constante, como oro, joyería, monedas, estampillas, etcétera. Pero a veces compramos celulares, consolas de videojuegos y laptops.
¿Comprarías algo extraño o fuera de lo ordinario?
El dueño de una casa de empeño tiene permitido aceptar lo que sea, pero ya no trabajamos con antigüedades; de todas maneras, podrías vender incluso tus pantalones si el dueño de la franquicia los acepta.
¿Cuál es la menor cantidad que has pagado?
Eso fue $9 por un anillo de bodas.
Habrá sido un matrimonio bastante malo.
Mira, si me hubiera ofrecido a su esposa también y ella fuera bien parecida, el hombre hubiera ganado más.
¿Regresó para recuperar el anillo?
No me acuerdo, pero el 90 por ciento de las personas recupera sus cosas. Nosotros hacemos negocio con esta gente.
¿La gente llora cuando llegan tarde a recuperar cosas que ya fueron vendidas?
No, eso jamás me ha ocurrido. La mayoría de las personas en Berlín acepta su pérdida de manera muy tranquila. |
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ENTREVISTA, POR ADEMIR CORREA
FOTOS, POR FABIO POLIDO
En Brasil, la única manera legal de empeñar tu mercancía es a través del banco nacional. Pero nadie tiene tiempo de esperar el proceso de certificación. Los trabajadores del banco rechazaron nuestra petición de entrevista, así que nos fuimos a la calle y platicamos con algunos tipos de aspecto sucio conocidos como hombres sándwich. Estos sujetos andan en el Centro de São Paulo con letreros que dicen “Compro ouro” (“compro oro”) y negocian un trato para comprar mercancía de cualquier fugitivo, ladrón, miembro de una pandilla o yonqui.
Vice: Hola, ¿cómo estás?
Nilton Silva: Deja me presento. Yo soy Nilton Silva. Es mi nombre artístico.
¿Te gusta tu trabajo de hombre sándwich?
Soy un hombre de marketing. Sirvo como un anuncio humano. El trabajo está más o menos, pero lo hago porque necesito el dinero. Mi verdadera pasión es la música, pero no tengo muchas oportunidades de cantar. Es un medio difícil.
¿Cuánto tiempo llevas en esto?
Más de diez años.
¿Qué es lo que la gente está tratando de empeñar hoy en día?
Nosotros compramos oro, platino y diamantes. La gente nos trae anillos de boda, collares y brazaletes. Pero usualmente lo que la gente quiere vender de verdad son sus teléfonos celulares.
¿Has notado un aumento en las ventas debido a la crisis?
Sí. Aquellos sin trabajo necesitan vivir de alguna manera. Si alguien está en la necesidad y tiene joyería, encontrará a alguien que le compre. ¿Por qué no nosotros?
¿Alguna vez has vendido algo?
Nunca he vendido nada de mi oro porque no tengo ningún cliente judío, pero he vendido un celular y una guitarra acústica.
Eres prejuicioso. ¿Cuántas personas llevas a la tienda al día?
Cuando mucho, cinco. Pero eso no significa que todos hayan hecho un trato.
¿Cómo sabes si ganas una comisión?
Tenemos que confiar en el jefe.
¡Puta! Este calor de verano no ayuda en nada. Debes sudar como cerdo.
Ciertamente, hace mucho calor. Sudamos mucho. Pero debes ser un profesional y trabajar con dignidad. |
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