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UN FILÓSOFO VIVO

Vice habla con un representante de una especie en peligro de extinción

ENTREVISTA, POR STEVE FOWLER    RETRATO, POR ISABEL ASHA PENZLIEN\



Simon Critchley es uno de los filósofos vivos con más influencia el día de hoy. ¡Así es: los filósofos todavía existen! Critchley ha escrito libros de literatura, poesía, muerte, humor e historia de la filosofía y es reconocido por su innovador discurso sobre la ética del movimiento deconstruccionista (eso es muy importante aunque no tengas idea de lo que signifique). Imparte clases en la New School for Social Research y es el filósofo principal de la Sociedad Necronáutica Internacional, un grupo de obsesionados con la muerte cuya primera resolución es “la muerte es un tipo de espacio del que intentamos hacer mapas y al que tratamos de entrar, colonizar y, eventualmente, habitar”. Excelente.

La filosofía de Critchley parece comenzar con una desilusión tanto religiosa como política, y su libro de 2007, Infinitely demanding, establece su solución radical al problema eterno del pantano de la ética. Este debe ser su segundo libro que leas.

El primero debe ser el best seller de The New York Times The book of dead philosophers, un volumen hilarante e informativo completamente digerible para el no filósofo que detalla la muerte de cientos de pensadores prominentes a la vez que nos informa un poco sobre sus posturas ante la vida. Es lectura de cabecera. Aprendes un poco, y después te duermes y sueñas con Sócrates metiéndose cicuta en la cueva de Platón mientras Sartre hace figuras con la sombra de sus manos y el pito de Foucault.

Hablemos con Simon sobre la vida y la muerte.

Vice: En un sentido, tu filosofía viene de una declaración de pesimismo, desilusión y nihilismo.
Simon Critchley:
Sí. El nihilismo es la respuesta obvia a la muerte de Dios, con lo que nos referimos al colapso de cualquier fundamento trascendental de la moral, el colapso del valor de todo. El solo decir “Dios está muerto” en un respiro es decir que nada tiene importancia en otro. Este es el momento del nihilismo. El nihilismo es la afirmación del sinsentido.

Tiene sentido.
Por lo menos, esa es mi concepción. Es algo que sucede históricamente con el colapso de la religión y el fin de la creencia de infalibilidad de los líderes y así sucesivamente.

Parece haber un gran cambio en nuestra concepción del nihilismo. Ahora estamos en una edad de ambivalencia, sin creencias, más en una escandalosa creencia en nada. Parece que la pregunta sobre el sentido no se contesta con un sí ni un no, sino que no se pregunta.
Es complicado. Por una parte, somos simios asesinos y, por otra, tenemos un anhelo metafísico. Queremos que la vida humana tenga significado y que haya una narrativa que mantenga todo unido. El nihilismo es el movimiento de cuando sientes que eso se rompió. Es un elemento en la cultura joven que es persistente: rechazo a los dioses antiguos. Lo encuentras en el punk, en el culto a figuras musicales fallecidas; hay muchos ejemplos. El significado se evapora, y nos sentimos abandonados. La idea del nihilismo te golpea, y esa puede ser una experiencia deprimente.

Definitivamente.
Puede ser también un retiro pasivo, como: “Nada tiene sentido, así que iré a mi esquina a cultivarme”. O puede ser algo así como: “Nada tiene sentido, así que me voy a juntar con otras personas y haremos explotar cosas”. Ese es el nihilismo activo. La idea de que vivimos en un mundo sin sentido puede ser otra manera de describir el capitalismo. El capitalismo carece de sentido, así que tenemos que salir y destruirlo.

Me gusta tu forma de pensar. ¿Pero llegaríamos tan lejos?
No. Ni siquiera somos consumidores; somos una sociedad de distracciones, pláticas sin sentido y ambigüedad. Todos saben que todo ha sucedido. Todo es automáticamente trivial, y, de nuevo, nada tiene significado. Este es el mundo de los blogs, el mundo falso del Facebook, el que tiene que compensar por la carencia de experiencias sociales. Estoy seguro de que no hay virtudes en las páginas de las redes sociales; en el fondo, te hacen sentir un terrible vacío. Compensan algo que está ausente. Es extraño que una de las características del mundo contemporáneo sea la falta de atención. El mundo flota, nos distrae de miles de maneras, uno está fuera de sí mismo con la atención constantemente dividida, y puedes multiplicar la fuerza de la distracción, lo que ocasiona que una conversación sea algo cada vez mas difícil de experimentar.

Algo que me parece muy tétrico son las personas que crean cuentas en redes sociales para sus bebés, para que las utilicen cuando sean capaces de hacerlo. A lo largo de toda su vida, todas las personas que conozcan y su historia completa se registrarán y presentarán electrónicamente.
¿Es un instrumento de liberación o de disciplina o de control? Recuerdo el extraordinario entusiasmo por internet, pero ahora es un instrumento de vigilancia o un instrumento para las redes sociales. Lo que uno sueña es escapar de eso. Las ideas de los noventa de la ciberrealidad parecen descabelladas. Diseñamos más y más medios para mantenernos en cautiverio. La idea del servilismo voluntario, y puedes encontrar esto en Montaigne, es que la ideología no es algo que se nos impone, sino algo que nos imponemos. Felizmente, nos dejamos capturar para llenar todos los vacíos de experiencia donde podría suceder algo. La gente construye vidas perfectas de distracción donde cualquier encuentro real es cada vez más difícil. Lo más radical que podría hacerse es desconectarse completamente.

Aunque empiezas aceptando el hecho de que el nihilismo, el pesimismo, la desilusión y el aburrimiento prevalecen en nuestra existencia, nunca te mueves hacia la ironía. El humor parece ser muy importante para ti, pero no la ironía.
Absolutamente. La ironía es corrosiva. Pero también depende de a qué te refieras con ironía. Hay una concepción clásica de los románticos alemanes que encuentro fascinante. Es sobre la distancia de lo absoluto, y lo encuentras en Kierkegaard y otros. Pero por ironía normalmente nos referimos a la idea de que uno no se toma las cosas absolutamente en serio, el estar consciente, lo que significa que nada te puede sorprender porque uno ya sabe de antemano el significado, porque sabes que es un engaño. Es lo que alimenta las teorías de conspiración, que son una forma de ironía en la que de antemano sabes qué es lo que impulsa las cosas.

Cierto.
La cultura de la ironía es la cultura del posmodernismo, que quiero denunciar fieramente. Tenemos que actuar ética y políticamente. La ironía es una posición defensiva contra la realidad. Siempre sabe qué pensar con respecto a la realidad. La idea de compromiso y enlace es central para mí, lo cual no es irónico.

¿Y el humor?
El humor se opone a la ironía. El humor es una operación que realizas en ti mismo; la risa es risa de ti mismo. Así que ese sentimiento irónico es menoscabado por el humor, es cuestionado por él. El humor es crítico de la posición irónica. Entiendo por qué la gente es irónica, pero pienso que es algo corrosivo y limitado.

Se puede entender a alguien como Czeslaw Milosz denunciando la ironía unas décadas después de la Segunda Guerra Mundial, pero el sentido del nihilismo, el aislamiento y alienación ahora prevalecen como medios para lidiar con las absurdas demandas de vivir. ¿No es difícil ver cómo o por qué uno debería construir una alternativa?
La idea es, creo, que la ironía es una respuesta al mundo, que se siente distante de nosotros y no se relaciona con nosotros, pero es un mundo del que todos conocemos, así que podemos dar un paso atrás y ver reality shows en la televisión. Te entretiene, pero no te relacionas. Quiero que la gente se comprometa subjetivamente. La idea del compromiso subjetivo es el núcleo de la ética, algo que divide al ser de sí mismo. Me convierto en un ser ético. No puedo alcanzar esa idea, no puedo cumplirla, me divide de mí mismo y me hace esmerarme más. Este impulso subjetivo ético ideal está en el corazón de una política sincera y radical que insiste en que la gente será capaz de relacionarse entre sí y liberarse de la ironía en ese punto.








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