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DOS & DON'TS
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EL HUMANITARIO CALIENTEEl pornógrafo más polÃtico de todo Brasil es amado por (casi) todosENTREVISTA, POR CHRISTIANO ABRAHAO RETRATO, POR LAURA WRONATODAS LAS OTRAS IMÁGENES, CORTESÍA DE OSCAR MARONI ![]() Oscar Maroni esjustamente o nomrecordado como el Larry Flynt de Brasil. En tanto que es cierto que Maroni publica las ediciones brasileñas de Hustler y Penthouse, también tiene ranchos ganaderos, una liga de peleas de artes marciales, hoteles y algunos de los clubes nocturnos más grandes y famosos de Sudamérica. También intentó llegar a concejal el año pasado y asegura haber puesto el pene, su pene, en más de mil quinientas vaginas. Pensamos que todo esto prueba que es inmensurablemente más interesante que un costal pervertido de lunares y piel sobre ruedas y que la comparación con Flynt es sólo periodismo huevón. Pasamos todo un día con el en São Paulo para hacer las cosas bien. Vice: Eres empresario, pornógrafo y político aspirante. Esa es toda una mezcla de intereses. ¿Siempre has tenido estas expectativas en tu vida y en tu carrera? Oscar Maroni: Empecé a trabajar a los 14 o 15 años. Una de mis primeras actividades de negocios fue comprar tiras cómicas de mis amigos a precios de descuento y venderlas con un pequeño margen de ganancia a la gente que pasaba junto a una parada de autobuses. Fue una revelación para mí saber que podía hacer dinero de esa manera. Cuando tenía 18, una noche mi padre y yo caminábamos a casa de mi abuelo cuando nos encontramos dos paquetes: uno, con muchas camisetas de algodón, y el otro, con panties de algodón. Al día siguiente, puse las cajas en un carrito que me llevé a un mercado callejero para venderlas. Corría por el mercado diciendo cosas como “Señorita, sea más sexy para su esposo y compre calzones”. Me gusta pensar que esa fue la primera sex shop en Brasil, yo vendiendo esos calzones y camisetas en la calle. ¿Tuviste una educación formal? Estudié la carrera de Psicología en Grupo Objetivo. Ahí conocí a la señora Marisa, mi ex esposa y madre de mis hijos. Sabía que me iba a casar con ella, pero necesitábamos dinero para sobrevivir, y el título en Psicología no estaba funcionando, así que tuve la idea de empezar con un carrito de refrigerios, y ahí fue cuando mi vida de verdadero hombre de negocios comenzó. Primero vendimos croquetas. Yo solía trabajar en la mañana y estudiar en las tardes, mientras que Marisa hacía lo contrario.
¿Cómo pasaste de vender carne frita y empanizada a cobrarle a la gente por ver revistas llenas de tetas y culos? Trabajaba con el carrito de la comida en 1974, al mismo tiempo que el edificio Jolema se incendió en São Paulo. No sé si lo recuerdes, pero fue una gran tragedia en la que casi doscientas personas murieron. El dueño del carrito lo necesitaba para guardar cosas que tenía en ese edificio, así que tuve que dejarlo. Conocí a un japonés que siempre me compraba comida. Era muy tímido, pero una vez me confesó que sufría de eyaculación precoz y que era semiimpotente. En ese tiempo, un amigo nos contó que había unas profesionales del sexo que, con ciertas terapias, ayudaban a sus clientes a superar problemas de sexualidad. Y, bueno, llevé a mi amiguito a “relajarse” en uno de estos lugares de masaje e, instantáneamente, se volvió más seguro. Primero dije en broma que quería empezar algo así, pero, cuando regresé al lugar, hablé con el dueño sobre comprarle el negocio. Inesperadamente, me soltó: “Mira, queremos venderlo. Tu idea es buena porque muchos psicólogos y psiquiatras nos buscan para que tratemos a sus pacientes”. Y le compré el lugar. Puse un anuncio en el periódico que decía algo así como “Masajes Caseros, donde tus fantasías se vuelven realidad. Un establecimiento frecuentado por hombres, mujeres y parejas”. Tuve clientes de inmediato.
¿Te apegas a alguna filosofía para guiar tus empresas? Mi filosofía es la siguiente: no creas en nada que no tenga alma. Y no me refiero a un alma religiosa; es más una manera de vivir y de pensar. Si alguien no tiene alma, entonces es sólo un cuerpo. Un ser necesita un objetivo y una ideología. Creo que todos necesitamos hacer una revolución todos los días, una revolución de usar sombrero, de quitarte un bra, de cogerte a cinco mujeres, de quedarte todo el día en la cama cogiendo con Yoko y comiendo chocolate como los Beatles. Creo que la gente siempre debería intentar cambiar las cosas para salir de sus rutinas. Debes buscar cosas nuevas. | |||||||||||||||||||||||||||||||||