LA VIDA GLAMUROSA
Moda de verano en la selva amazónica
FOTOS, POR THIAGO DA COSTA
Estas fotos fueron tomadas durante
nuestra aventura de cazar sapos en la selva amazónica. Para encontrar el mentado sapo y después drogarnos con su veneno, tuvimos que viajar tres días a través de un bosque de lluvia. Salíamos de un poblado en el culo de la frontera entre Colombia y Brasil llamado Leticia en su parte colombiana y Tabatinga en la brasileña. Leticia-Tabatinga fue avanzada militar para ambos países hasta que, después de los ochenta, el lugar se volvió el centro brasileño de mercadeo de coca. Supuestamente una de cada siete personas vive del mercadeo de cocaína en este lugar. Una noche antes de hacer el viaje conocimos a Juan, nuestro guía, quien nos dijo que en las comunidades indígenas a las que íbamos no les interesaba el dinero, pero que apreciarían muchísimo algunas playeras, sombreros, vestidos, bolsas: cualquier cosa. Hicimos un recorrido por las tiendas de Leticia-Tabatinga y, después de un rato, nos dimos cuenta de que más de la mitad de la ropa que había ahí era pirata, pero con logos de marcas de lujo. Estábamos seguros de que a nuestros amigos les iban a encantar algunas de estas playeras logotipeadas, así que compramos un montón y partimos como si fuéramos los misioneros de la moda.
La tribu mayoruna que íbamos a conocer ha tenido un contacto limitado con el mundo exterior a través de la Fundación Nacional del Indígena (Funai). Toda esa gente es, de cierta manera, virgen respecto a nuestro mundo, y estábamos seguros de que los logos no iban a significar nada ahí; sin embargo, cuando llegamos, fue sorprendente ver que los niños que corrían a nuestro alrededor portaban playeras de Nike, Adidas, Versace. Es cierto que los logos no significan nada para ellos, pero tampoco eran nada nuevo, sólo más cosas que llegaban por el río de donde mierdas pensaran que veníamos. Con todo y eso, estaban muy contentos de recibir regalos. Sacar todas las cosas fue toda una escena. El jefe de la tribu hizo que todos se formaran como en la escuela, y a cada persona le tocó algo sin importar si le quedaba, sin importar si le servía de algo. En cuanto recibían lo suyo, todos se iban a esconder a los árboles, y después volvían a la fila como si fuera la primera vez. Después de un rato, estaban tan contentos que nos permitieron tomarles unas cuantas fotos.

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