|
|
DOS & DON'TS
ARTÍCULOS RELACIONADOS
|
||||||||||||||||||||||||||||||||
INDIOS Y LEÑADORESGranjeros brasileños están masacrando a las tribus nativas por la tierra
POR FELIPE MILANEZ FOTOS, POR ARAQUEM ALCANTARA
Estábamos sentados cara a cara en una choza de madera en medio de la selva amazónica mientras me contaba la historia. Nos encontrábamos entre los estados de Mato Grosso y Amazonas, en la ciudad de Colniza. La región es conocida como la más violenta del país; de hecho, el creciente número de homicidios de Brasil la hace uno de los peores lugares para vivir. Y también estábamos sentados en el pedazo de tierra donde sus amigos y familia fueron asesinados. En Brasil, casos como los de Rita son encubiertos y totalmente ignorados. La verdad es que este tipo de actos ha sido muy frecuente desde que la región fue colonizada durante la dictadura militar, en 1964. La raíz de la violencia contra los indígenas de Brasil casi siempre está atada a la madera e hijos de puta agresivos y sin escrúpulos listos para satisfacer una demanda siempre creciente de madera virgen. A pequeños grupos de sobrevivientes como Rita, sin los medios necesarios para defenderse de estos ataques, se les abandona para andar por la selva como fantasmas. Así se encontraba Rita un año después del ataque. Su rescate fue el resultado de una persistente búsqueda departe del Funai, la agencia gubernamental que protege a los indígenas. Sin otras opciones, Rita se tuvo que unir a la sociedad brasileña. No le pudo haber ido peor: en cada ciudad fue víctima del abuso físico y la ignorancia hasta que, eventualmente, fue esclavizada en una granja donde hacía la limpieza y era obligada a ofrecer servicios sexuales. Tiempo después, escapó y se casó con un indígena de otra tribu. Hoy vive una vida muy tranquila y tribal en lo profundo del bosque. Rita me contó todo esto con el mismo tono que había utilizado en las incontables conversaciones que habíamos tenido: tímida y reservada, pero con una dulce, quizá un poco desconfiada, sonrisa. A finales de los noventa, más de veinte años después de la masacre, dos indígenas piripkura, Tucan y Monde I, emergieron de la jungla. Esto causó un pequeño caos mediático. Tucan necesitaba asistencia médica urgente. La enfermera que lo atendió me dijo que estaba orinando Coca-Cola y necesitaba que le extirparan la vesícula biliar. Monde I se impacientó o aburrióson conocidos como la segunda y tercera reencarnaciones de John Ramboy se regresó a la selva mientras Tucan se recuperaba. Tres meses después, Tucan desapareció para reunirse con Monde I, así que, técnicamente, Rita no estaba sola, pero hoy la población total de la tribu piripkua sigue ascendiendo a tres. La erradicación parcial o total de las tribus indígenas es el único objetivo de algunos granjeros. La tribu de Rita fue masacrada sólo porque estaba en tierra de leñadoresy existen varias tribus que sufren destinos parecidos por razones similares. A menos de mil yardas de donde conocí a Rita, pasé una tarde con una familia de indios kanoe. Purá enseñaba felizmente a su sobrino de siete años, Bakwa, a cazar con arco y flecha, mientras que su madre, Tiramantu, ataba un brazalete a mi muñeca en completo silencio. Ellos tres son lo que queda de la tribu kanoe después de otra masacre injustificada. Comparten 150 millas cuadradas de tierra, llamada Terra Indígena Omere, con el clan akuntsu, conformado por sólo seis personas. Popak, uno de los cuatro hombres de la tribu, habló muy rápido cuando nos conocimos. Me lanzó una mirada de coraje cuando pregunté por la cicatriz en su espalda. Después, me explicó que le habían disparado durante un ataque a su tribu. A veces olvido que, a pesar de ser un brasileño que nunca ha matado a alguien, puedo ser también un hijo de la chingada. El cineasta Vincent Carelli, autoproclamado brasileño no asesino, pasó veinte años documentando la masacre de los indios akuntsu y recolectando evidencia que involucraba a ciertos granjeros localescon todo y testimonios de leñadores que perpetraron la masacre. El resultado, Corumbiara, fue premiada en São Paulo en marzo y es probable que sea lo único bueno que haya salido de todo esto porque, ciertamente, nada ha cambiado. De hecho, las cosas se han puesto peor. Desde la filmación de Corumbiara, Carelli ha presenciado la masacre de otro grupo tan remoto que ni siquiera tenía un nombre asignado. Es aceptado que los primeros intentos de correr a la tribu fueron con cocteles de arsénico y azúcar. Cuando esto no funcionó, un grupo de jagunços fue asignado al caso. El único sobreviviente vive solo en un hoyo en la jungla. “Nadie fue enviado prisión. Ni siquiera fueron juzgados. Ninguno de esos bandidos”, dijo Marcelo dos Santos, el hombre que hizo contacto con la tribu y organizó una búsqueda de los responsables de los asesinatos. Dos Santos ha sufrido varias amenazas y prefiere no identificar a los culpables. En las ciudades cercanas, la ciudadanía no es tan silenciosa: Antenor Duarte, Antônio Vilela Junqueira, el ex senador Almir Lando y los infames hermanos Dalafini son sospechosos. Y, por azares del destino, todos tienen granjas muy cerca de donde la tribu desconocida vivía. En Colniza, una violenta ciudad localizada en el norte de Mato Grosso, donde conocí a Rita, me encontré con un leñador, Julio Pinto. Su papá, Renato, y setenta de sus asociados pasaron un tiempo en la cárcel acusados de asesinar u ordenar los asesinatos de los indios piripkura. Haciéndole honor a su oficio, Pinto y compañía aseguran que la tribu estaba en su tierra. Eran familiares de Rita. Todos los sospechosos fueron liberados, y Pinto me aseguró, con la cara más seria del mundo, que nunca vio a ningún indio en la región. ¿Cómo matar a algo que jamás han visto? (Pista: le pagan a alguien más para hacerlo). Uno de los compañeros de Pinto, Luiz Durski, también es dueño de una granja cercana al territorio piripkura. Durante una entrevista en São Paulo, me aseguró que el caso en contra de Renato era una “locura” por parte del fiscal federal, Mario Lucio Avelar. Como si se tratara de un simple dato curioso, Durski me dijo que él tampoco había visto indios. Calificar estos crímenes como genocidio, juzgar criminales y determinar las sentencias son los principales obstáculos de las autoridades. Bueno, también están el miedo y los sobornos y el hecho de que no les importa un carajo. El sistema legal del Amazonas consiste en un montón de coroneles con influencia política. Es casi imposible reforzar leyes que, en primer lugar, a nadie le importan. Los principales perpetradores son leñadores, mineros y granjeros, y pocos fuera de ese círculo están interesados en atacar una de las industrias más prósperas de Brasil. Y menos por unos cuantos fantasmas que se asoman entre los arbustos. La tribu de Rita fue masacrada sólo porque estaba en tierra de leñadoresy existen varias tribus que sufren destinos parecidos por razones similares. Es aceptado que los primeros intentos de correr a la tribu fueron con cocteles de arsénico y azúcar. Cuando esto no funcionó, un grupo de jagunços fue asignado al caso. | |||||||||||||||||||||||||||||||||