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CONTRABANDO VÍA SUBMARINOArrastrando drogas por el fondo del marENTREVISTA, POR SANTIAGO STELLEYFotos, por Bernardo Loyola, David Feinberg y cortesía de Miguel Ángel Montoya
El mayor obstáculo al que se enfrentan los cárteles de la droga siempre ha sido transportar los narcóticos de las regiones pobres que los producen a las áreas que los compran. A principios de la década, una época todavía dominada por los capos encarcelados del cártel de Cali, en Colombia, se hizo un avance tecnológico en este frente: torpedos y semisumergibles llenos de droga. Un ex traficante, el doctor Miguel Ángel Montoya, encabezó el proyecto, que consistía en instalar instrumentos de radio en tubos divididos en compartimentos que los cárteles ataban a muy discretos botes remolcadores, sacando la batalla de los cielos. Si una patrulla de la marina sospechaba, el aparato era abandonado y rescatando por otro bote remolcador que rastreaba su señal. Muchos años después, Montoya todavía no cree que los agentes aduanales internacionales acaben algún día con los muy bien financiados esfuerzos de investigación y desarrollo por parte de las organizaciones del narcotráfico. Vice: ¿Me puedes decir a qué te dedicas? Doctor Miguel Ángel Montoya: Soy doctor y antiguo miembro de una organización dedicada al narcotráfico. Tengo entendido que era el cártel de Cali. ¿Cómo te reclutaron? La organización necesitaba un contacto mexicano en Colombia, y mi amigo fue el catalizador. Fue mi primera experiencia en tráfico de cocaína entre Colombia y México. ¿Qué papel desempeñabas? Inicialmente, viajaba a Colombia y tomaba coordenadas para las entregas. Yo era el contacto que se encargaba de que todo se llevara a cabo. Y, eventualmente, formaste parte de la revolución que cambió la manera de transportar las drogas. En 2000, un amigo ingeniero en Medellín tuvo la idea de que un torpedo hueco podía transportar algo entre 500 kilos y 5 toneladas de cocaína. ¿Me puedes explicar el diseño? Estaba basado en torpedos utilizados en la guerra, y con planos mostramos que era en realidad un tubo dentro de un tubo. El tubo interno estaba dividido en cinco compartimentos que ayudarían a prevenir una inundación en caso de una colisión. ¿Eran torpedos de propulsión? De hecho, eran remolcados con un cable de hasta 300 metros. Los cables de acero crean mucha tensión en un bote de remolque, y subirlo resulta muy difícil. En caso de ser descubiertos, ¿la alternativa era soltar el torpedo? Sí, era liberado desde un cerrojo de seguridad. El cable se quedaba con el torpedo, y tú te alejabas lo más posible. El artefacto se mantenía sumergido y era imposible de encontrar. ¿Pero cómo lo encontraban los contrabandistas? Adaptamos un transmisor de radio en la parte de arriba. Tenía un temporizador y localizador GPS que se monitoreaba desde el bote. Se transmitía la frecuencia de la boya de radio con un decodificador y un radio VHS que se activaba con un reloj, y así siempre teníamos la localización vía satélite. ¿Dónde se te ocurrió la idea del transmisor de radio? Observamos cómo los barcos que buscan atún arrastraban boyas con redes para pescar. Modificamos las boyas removiéndoles lo que las hace flotar y agregándoles un mecanismo electrónico. Muy astuto. La idea fue adaptada de otras cosas que ya existían. Las boyas de pesca estaban ahí. Los torpedos ya existían. Solamente se le ocurrió a alguien juntarlas. No es sofisticado. Son ideas aplicadas. ¿Cómo controlaban la profundidad del torpedo durante el viaje? El tubo tenía un sistema de lastre que permitía la entrada de agua a la cámara, ocasionando que se sumergiera. Cuando se liberaba, permitía que el torpedo emergiera. La ventaja era que, si viajabas a alta velocidad, podías sumergirlo hasta 30 metros, y no podía ser visto. | |||||||||||||||||||||||||||||||||