DOS & DON'TS

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These guys remind me of what vikings would have been like if they were slightly more courteous and also dressed like gaylords. Comments/Enlarge | See all






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HAMILTON'S PHARMACOPEIA

La columna de Hamilton Morris

Foto, por Maggie Lee

OPIOIDES SINTÉTICOS, LAS DROGAS MÁS ADICTIVAS SOBRE LA FAZ DE LA TIERRA
No me encantan los opioides. Claro, mi tren de la droga ha hecho breves paradas en la estación de la heroína, pero nunca ha sido lo mío. No es que odie el efecto: me gusta nadar en un mar de cobijas recién salidas de la secadora de la euforia tanto como a cualquier otra persona. Ya sabes, como cuando tienes un día de la verga, te pegas en el dedo gordo del pie y tu gato rompe algo y lo primero que pasa por tu cabeza es: “Puta madre, ¡una línea de heroína mejoraría mucho la situación!”; pero eso es buscarte problemas. La ciencia moderna se ha pasado cientos de años intentando curar el dolor del ser humano sin doparlo. Cuando la heroína fue sintetizada por primera vez, se anunció en el mercado como una alternativa a la adictiva morfina. Pero este fue sólo el comienzo de una estreñida y larga historia de calmantes sintéticos.


ETONITAZENE
Se dice que el etonitazene es la sustancia más adictiva en el planeta. Como un opioide, es mil quinientas veces más potente que la morfina, y también es igual de estimulante que el éxtasis. Básicamente, es una piedra molecular. Aunque el etonitazene ha aparecido en las calles ocasionalmente, la vasta mayoría de este recurso es consumido por ratones y changos en laboratorios donde se estudian las adicciones. Los científicos saben que estos macacos se relamen sus pequeños labios peludos cuando le agregan un “piquete” de etonitazene a sus platos de agua, pero a los changos les gustan muchas cosas, y, como dice el dicho, jamás envíes a un simio a hacer el trabajo de un hombre.

Thomas Highsmith trabajaba en un prestigioso laboratorio de Salt Lake City diseñando laminados de baja fricción para skis. En 2003, empezó a pasar las noches en su laboratorio manufacturando una hornada de etonitazene para uso personal. Se volvió completamente adicto poco después de haber terminado de sintetizarla. Llegaba a trabajar agarrado de una lata de 12 onzas llena de la droga y la esnifaba como si no hubiera mañana.

Durante los siguientes meses, su tolerancia se elevó a tal punto que tenía que meterse trescientas veces más de lo usual. Un colaborador de Highsmith comenzó a notar su extraño comportamiento y lo reportó a la policía. Su etonitazene fue confiscado y se le prescribió metadona para combatir la resaca. A estas alturas, su adicción equivalía a quinientas bolsas de heroína al día, y el pequeño paraguas de metadona no hizo nada para detener el yunque de etonitazene que iba directo a su cabeza. Jamás le dieron una sentencia porque lo encontraron muerto en su casa antes del primer juicio. Los efectos secundarios fueron tan brutales que prefirió suicidarse a seguir viviendo con el dolor.


FENTANYL
El etonitazene no es el opioide más potente conocido por el hombre. Existe una clase de narcóticos conocidos como los fentanyls, que son mucho más fuertes. Un clásico es el carfentanyl, que es siete mil veces más potente que la morfina. Ustedes tal vez lo conozcan porque se usó para anestesiar a un tiranosaurio en Jurassic Park 3, pero en la vida real es utilizado para dormir osos y rinocerontes. Históricamente, los fentanyles han sido muy populares entre científicos traviesos, ya que unos cuantos gramos se pueden cortar y vender como miles de bolsitas de “heroína”. El problema es que esta pequeña estafa ha llevado a la muerte por sobredosis a cientos de yonquis que usaron fentanyl mal procesado. Es por esto que los científicos de fentanyl son considerados la escoria del mundo de las drogas sintéticas. Hacen que los procesadores de metanfetaminas parezcan monjas de la caridad. Un yonqui amigo mío me dijo que no le remordería la conciencia si tuviera que enviar a uno de estos weyes a la cárcel. Dos años atrás, un tipo canadiense pidió ayuda en la web para poder dejar un opioide desconocido que bautizó como pharoafentanyl, la síntesis de un derivado nuevo de fentanyl que él juraba que era cuatro mil veces más potente que la morfina, el opioide más potente que el ser humano haya probado.

Nadie le creyó, pero, después de investigar un poc, he llegado a la conclusión de que su historia puede ser cierta. Su intención era vender la droga en papeles, pero comenzó a consumirla y pasó seis meses en una juerga imparable inducida por la droga. Su dosis creció, y al final estaba consumiendo cantidades comparables a tres mil trescientas bolsas de heroína al día. Con el puro aliento podía drogar a alguien. Entonces, decidió destruir toda la droga y parar su consumo. Aquí presentó su descripción de la resaca: “¡No siento mi CARA! Es como tocar una pared. Siento como si me hubiera bañado en mentol. Mi interior es de hielo. A veces cambia, por unos segundos, a un calor MENOPÁUSICO que se siente como si una ola de lava recorriera mi sudorosa piel. ¡ESTOY CANSADO Y DÉBIL Y QUIERO QUE TODO ESTO SE ACABE YA!”.

El consenso es que, si eres lo suficientemente listo como para estar diseñando opioides, usarás tus habilidades para crear LSD o alguna herramienta parecida para la iluminación, pero comprendo que es difícil vencer la tentación. Decidí llamar a una químico versado en estas artes que vive en Inglaterra. Me dijo: “He acumulado un chingo de datos sobre los opios de diseñador, y ojalá nunca vean la luz del día. No quiero que la gente use estas cosas, que deberían considerarse armas psicoquímicas pero son tan interesantes que, a veces, mando a la verga mi buen juicio y empiezo a imaginar posibles rutas y… a veces desearía poder callarme a tiempo”.

Y, a pesar de todo, el pharaohfentanyl no es el opioide más potente de todos. El narcótico más fuerte en el mundo sólo tiene un nombre químico, 4-FOhmefentanyl, y es dieciocho mil veces más pesado que la morfina. Después de eso, poco se puede hacer para mejorar. Es la bomba H de los narcóticos, y, hasta donde sé, ningún ser humano lo ha probado. Un maletín lleno de esta droga podría curar todo el dolor del mundo, lo cual es más o menos algo bueno. Traté de contactar a los químicos chinos que lo descubrieron, pero no hubo respuesta. Me imagino que no hablan inglés o no quieren discutir su invención con la prensa. O tal vez, sólo tal vez, la curiosidad ya mató al gato.


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