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DOS & DON'TS
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SKINEMA![]()
LIVE IN MY SECRETS Vividalt.com/Kanearmy.com Directora: Kimberly Kane Calificación: 10 Estoy trabjando en un show para VBS llamado Sexy slumber party, en el que ofrezco fiestas en piyama para estrellas porno desnudas y comemos palomitas y platicamos de cosas de chicas hasta que ellas empiezan a llorar y me cuentan cómo abusaron de ellas cuando eran jóvenes y eso las llevó a mamar vergas cinematográficamente para que el mundo las pudiera ver. Mi primer intento fue con Kimberly Kane, la directora sexy de este DVD. Saqué mi perro y lo llevé a su departamento. Soy nuevo en las reglas de tener un perro. La última vez que tuve un perro fue cuando era niño. Quería tanto a ese perro que lo llevaba a todos lados conmigo: a la escuela, a la iglesia, al dentista. Estaba seguro de que los productores de Plaza Sésamo me vieron llevar a mi perro al dentista y de ahí sacaron la canción de “Yo y mi llama vamos al dentista”. (Cantaba una canción muy parecida cuando llevé a mi perro al dentista, así que no pienso que sea sólo una coincidencia). Mi punto es que soy nuevo en todas estas reglas de tener un perro porque, en mis tiempos, no había reglas. Y en mi cabeza sigue sin haberlas. Pero ahí están. Y mi esposa las conoce todas. No sólo sobre perrosaunque nunca tuvo un perro y, aun así, se cree una autoridad en el tema, sino sobre todo: reglas para limpiar arena para gatos, sobre cómo guardar los platos, sobre cómo se deben usar diferentes cucharas para servirse en lugar de limpiar una con la lengua. Una regla que sigue diciéndome es que debo pedir permiso para llevar a mi perro a casa de otras personas. No me gusta esa regla. Pienso que es estúpida. No creo que a mi perro le guste mucho esa regla tampoco. ¡Somos espíritus libres, wey! No creemos en reglas para perros. Para darle por el lado, le miento y le digo que ya pedí permiso aunque no lo haya hecho, y cuando toco el timbre de la persona en cuestión sostengo a mi perro y hago que muestre su irresistible cara y pregunto: “¿Está bien si entro con mi perro?”. La persona se encabrona, claro, pero muy su pedo. ¿Qué puede hacer? ¿Decirme que no? ¡Demasiado tarde: ya estamos adentro! ¡Mi abrigo ya está en tu perchero, y mi perro ya está oliendo pendejadas! ¿Dónde guardas la cerveza? Tenía el plan de hacer esta maniobra con Kimberly Kane, pero mi esposa echó a perder el plan. “¿Le pediste permiso?”. “Claro que sí”, le contesté. “No lo hiciste. Más vale que le hables y le preguntes”. No lo hice. Le mandé un mensaje de texto. Sabía que estábamos cerca de su departamento, así que, para cuando le llegara el mensaje y me respondiera, sería demasiado tarde. Sería como hacer la misma movida, pero un poco más futurista. Creo que tuve suerte de haber mandado el mensaje porque, cuando abrió la puerta, me agradeció haberle avisado y me platicó lo mucho que O-D-I-A a las personas que llegan con sus perros sin preguntar porque una vez alguien llegó con su perro y este orinó su apartamento o una pendejada así, bla, bla, bla. Mientras contaba esta anécdota de perro-en-mi-casa, me empecé a encabronar. ¿Parezco alguien que tiene un perro que orina en todos lados? Aun peor: ¿qué no podía sentir toda la elegancia que mi perro estaba segregando? Sólo por eso quería que mi perro le orinara todo el departamento. Pero no lo hizo. Porque mi perro es mucho mejor que eso. Pero no me iría en silencio esa noche. Mientras seguía tirándole mierda a los perros y diciendo cuán asqueroso es el pipí de perro en las alfombras, le pregunté: “Sí te das cuenta de que te ganas la vida dejando que extraños eyaculen en tu boca, ¿no?”. Yo y mi perro la chocamos muy en alto, y luego me dijo que fue una muy buena. CHIS NIERATKO Para más de Chris, vayan a chrisnieratko.com o a NJSkateshop.com. | |||||||||||||||||||||||||||||||||