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JEAN PAUL LESPAGNARD


ENTREVISTA, POR CÈLINE HUERTA FOTO, POR LAETITIA BICA
PEINADO Y MAQUILLAJE, POR FLORENCE SAMAIN
MODELO: NANOU@DOMINIQUE MODELS AGENCIA: C’EST CHIC

 

Jean Paul Lespagnard es un joven, divertido y talentoso diseñador belga. Es un tipo muy agradable, de esos que usan un buen corte de pelo y dejan que sus modelos los monten como si fueran caballos de palo. Es un creador que sabe llevar la moda al terreno del arte con humor y frescura. Y pensamos que, muchas veces, lo que le falta al mundo del arte y la moda es precisamente un poco más de frescura y humor. Ahora, si eres de los que a huevo necesitan credenciales, Lespagnard ganó el concurso de Hyeres en Francia el año pasado, se ha convertido en una sensación alrededor del mundo y, hoy por hoy, es el nuevo gigante belga de la moda internacional.

Vice: Si te digo “México”, ¿qué me dices?

Jean Paul Lespagnard:
Lucha libre, día de muertos, ese lado burlesco, humorístico para hablar de la muerte. Tuve un acercamiento a la cultura mexicana cuando fui el año pasado a Los Ángeles; me la pasaba en los barrios mexicanos y cada vez quería ver más. México es uno de mis próximos destinos.

Si te invito mañana a presentar tu colección en México, ¿te la rifas?

Por supuesto. Sí, sí, y te lo digo de corazón

Okey. Eres diseñador de moda. ¿Por qué la moda? ¿Qué pasó ahí?

Estudié artes plásticas y, después, diseño de moda en Liège. La moda siempre ha estado presente aquí. Cuando era niño, quería transformar mi camioneta para ser vendedor de helados durante el verano y pescado durante el invierno. Mi papá era camionero; entonces, yo me la pasaba en su garage experimentando formas y cortes con materiales de reciclaje. Recortaba llantas, les hacía agujeros y, con unas cuerdas, armaba corsés y se los regalaba a mis hermanas. Ahí empezó todo. Me acerqué a las artes plásticas por el dibujo, y considero que el dibujo es primordial para que tu equipo te entienda. Ellos no viven en mi cabeza; entonces, tengo que ilustrar mis ideas a través del dibujo. Pero sólo dibujo por eso. Si pudiera ahorrarme esa etapa, lo haría con gusto. Lo que me gusta es la materia, plasmar mis ideas en la materia y verla en movimento.

El año pasado ganaste el concurso internacional del Festival de Moda y Fotografía de Hyères, específicamente el premio del público y el de una marca de prêt-à-porter. ¿Te sientes muy muy?

Estuvo muy raro, la verdad. Desde que acabé la carrera, siempre quise participar en ese concurso, pero jamás me atreví a mandar nada, y justo el año pasado mucha gente me animó para que lo hiciera. Lo hice en serio. Me tardé mucho en encontrar mis telas y crear el personaje de mi colección. Con o sin concurso, quería hacer esta colección. Fuera como fuera. Luego gané y me sorprendí mucho. Es cierto que desde un principio el objetivo principal de participar en ese concurso era el premio especial de la marca francesa 1 2 3, que ofrecía la oportunidad de diseñar una colección con una gran distribución, porque eso te abre las puertas para trabajar con pro-veedores, intermediarios, fabricantes, y ni hablar del aprendizaje, de la experiencia. No me explico aún el éxito de mi ropa en el concurso; en verdad, había muchísima competencia, pero yo los hice sonreír, y el humor ganó.

Cuétanme de Jacqueline.

Generalmente, hay un personaje imaginario en mis colecciones. Cuando diseño, me gusta meterme en la piel de un personaje fuera de lo común, extremo, extraordinario si lo quieres ver así.

¿Que no podría existir en la vida real?

¿Existir? Tal vez sí, pero por ciertos períodos, como los desfiles, por ejemplo. Todos tenemos tal o cual comportamiento en función de lo que vivimos o de lo que nos duele, y esto puede durar una hora, un día o más. Pero Jacqueline es tan intensa, tan extrema, que, si existiera las veinticuatro horas... ¡creo que sería demasiado desgastante! [Risas] Los dos temas que siempre trabajo son la obsesión y la locura. Jacqueline tiene ese lado obsesivo. Ella vive en Bruselas y tiene tiene un puesto de papas en una camioneta, pero es falso.



Papas a la francesa.

¡No! ¡Las papas a la francesa son belgas! Es importante porque, siendo belga, eso es parte de lo que nos representa: las famosas papas.

Okey,

Bélgica es el país de las patatas; por eso quise hacer una colección que retomara ese elemento mezclándolo con lo texano. En fin, Jacqueline tiene dos pasiones: la cantante alemana Gitte, que es muy kitsch, y Texas. Lo que le atrae son, sobre todo, los vaqueros que distraen al público cuando el vaquero principal muerde el polvo. Su guardarropa es el reflejo de sus pasiones: rayas de colores, pantalones vaqueros exagerados, las típicas camisas texanas que todos conocen; pero todo en extremo, sumamente exagerado, como sus pulseras de patata fritas y sus lentes. Jacqueline espera a su cowboy. Por eso la colección se llama Ich will ‘nen cowboy als mann, que en alemán significa “quiero un esposo cowboy”.

Mucha gente define tu colección como divertida y humorística, muy belga. ¿Qué piensas de esto?

Me gusta, pero considero que lo belga reside en el toque humorístico de la colección, no en el diseño. Te lo puedo resumir en una frase: sabemos reírnos de nosotros, podemos vernos al espejo y cagarnos de la risa de nosotros, de nuestro país y sus dramas de indetidad. No tenemos identidad, y creo que por eso justamente tenemos una, esa identidad que todos definen como belga. Hasta que fui adulto me di cuenta de que no sólo existíamos los francófonos en Bélgica. Cuando me mudé a Amberes, la capital de Flandes, sentí que llegaba a vivir a un territorio ajeno, belga pero ajeno. Fue una cachetada existencial muy fuerte para mí, pero, a la vez, sumamente rica. En cuanto a etiquetar mi trabajo, sólo me agobia un poco que me digan ahora señor Papas; es lo único.

Bélgica es un licuado de culturas germanas y latinas, y siento eso muy presente en ti y en tu trabajo.

¡Definitivamente! Es una influencia, claro. Después de mi estancia en Amberes, sentí, físicamente, la necesidad de mudarme a Bruselas poque creo que es el único lugar en donde todos nos juntamos. Cuando vivía en Liège, no tenía ningún contacto con Flandes, y cuando vivía en Amberes no tenía contacto con la región francófona de Bélgica. Es impresionante: cada uno vive por su lado, pero compartiendo un mismo suelo ¡con tres idiomas oficiales! Francés, neerlandés y alemán. Yo saqué lo mejor de cada lado. Viviendo en Bruselas, tengo la mejor mezcla de identidades culturales para trabajar. Y, sí, claro que es una fuerza creativa.

¿Defiendes alguna causa con tu ropa?

Por supuesto. Puede sonar muy delirante lo que estoy a punto de decir, pero creo que ofrezco una parte de sueño. No una parte de sueño dentro de ti, sino une parte de sueño que saques de ti a través de la ropa que lleves puesta. ¿Me explico? [Risas]

¿Qué hay de tu marca?

Justo estoy desarrollando mi empresa, la cual lleva mi nombre: Jean Paul Lespagnard. Con mi equipo, estoy planeando los puntos de venta, la comercialización, la imagen. Son cosas que toman tiempo si quieres hacerlas bien. El cambio se hizo rápido. Cuando ya todo el mundo reconoce tu trabajo, el camino se hace más fácil en cuanto a logística y estabilidad, pero, en cuanto a creación, la industria de la moda te impone un ritmo que no es fácil. Tienes que estar renovándote y proponiendo todo el tiempo. A veces quisiera darle tiempo al tiempo y clavarme más en mis imágenes, mis inspiraciones y mi investigación.. Por lo pronto, este mes sale mi colección para la marca 1 2 3, y, al mismo tiempo, estoy diseñando una nueva colección.



¿Un nuevo personaje?

Sí, una autoestopista.

Muchos diseñadores dicen que la creación es sinónimo de angustia y sufrimiento. ¿Te pasa? ¿Conoces el síndrome de la hoja en blanco?

Claro que me pasa. Todo el tiempo. Siempre. La gente no entiende que crear no es fácil; de verdad, es un parto en todos los sentidos de la palabra. Es una bomba de efecto retardado. Dedico mucho a la investigación, a mis búsquedas. Acumulo y acumulo y acumulo hasta que todo explota sobre el papel. Después se lo presento a mi equipo, lo platicamos, y pasamos a otra etapa del proceso creativo. Esto puede durar meses. Entonces, sí, el proceso es desgastante en todos los aspectos.

Según tú, ¿la moda es arte?

Ssss. A ver, el arte es negocio, y más ahora. La moda lo es también, es un hecho. Creo, más bien, que la moda podría considerarse como pop art. En mi caso, invento y creo personajes ficticios. La moda me impone un ritmo que a veces no acepto porque quisiera desarrollar instalaciones, happenings en un lugar improbable, y así darle fuerza visual a mi ropa. Digamos que mis creaciones forman parte de una obra de arte que aún no existe. Por eso soy fan de Paul McCarthy, de sus videos, en los que toda la gente vive al 100 por ciento su papel; eso es lo que quisiera hacer con mi ropa.

¿Qué le respondes a la gente que opina que la moda se reduce a un business reservado a un pequeño grupo de gente?

Estoy totalmente de acuerdo. En general, la moda es inaccesible. Pocos pueden gozar de ella, y es una lástima. Pero los hechos son los siguientes: mi ropa se va a vender cara. ¿Por qué? Por la simple razón de que mi costo de producción es alto, mis telas son caras, y porque, cuando empiezas, no necesitas miles de metros de tela; entonces, tienes que comprar tu materia prima por metro, y eso te sale mil veces más caro que si fueras, no sé, cualquier gran casa de alta costura que puede hacer pedidos de cien metros por el precio de cincuenta. Es un círculo vicioso. Y, cuando hablo de todo esto, no estoy tomando en cuenta mi estilo ni el valor económico de mi humor ni mi propiedad intelectual, sólo nos estamos concentrando en el precio de producción de cada pieza. Ahora, no tienes que vestirte con marcas para seguir tendencias de la moda ni para verte bien. Lo que quiero que entienda la gente es que lo “inaccesible” reside, sobre todo, en el aspecto económico. Es común que la gente te diga que es imposible llevar la ropa que se ve en los defiles, pero no es cierto: es sólo cuestión de “ensamblaje”. Si ves la ropa de esta colección por separado, pieza por pieza, es totalmente accesible, y eso me encanta: poder presentar una colección extrema en su conjunto, pero muy sencilla al final si la vez bajo otro ángulo. Entonces, se vuelve accesible.

¿Tienes alguna mujer que inspire tu trabajo? ¿Por qué vistes mujeres?

Humor, inteligencia y belleza, creo. Aunque belleza es subjetivo. Te voy dar el ejemplo de Grace Jones porque todos la conocen y me es más fácil explicarlo. Lo que me impresiona y me atrae de esa mujer es justamente el hecho de que no se toma en serio y no tiene miedo de afearse para verse bella. No tenerle miedo al ridículo, exponerse. ¡Amo tanto eso! Visto a las mujeres porque así se dio, y no quiero etiquetar a una mujer tipo de mi marca. Quien se identifique con lo que propongo y se lo pueda apropiar, sea bienvenido y que lo goce. Te voy a dar otro ejemplo, el de una amiga mía que es muy macha pero cuya ropa es ultrafemenina. Una mujer todo terreno que puede estar en una cervecería superpuerca, pero en tacones y minifalda ¡sin pedos! Esa es la actitud, ¿no?


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