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DOS & DON'TS
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UN TIPO QUE NOS HACE VER A TODOS COMO BEBÉSENTREVISTA Y FOTO POR BEN ANDERSON Conocí a Kavuye hace dos años, cuando entrenaba con los Rangers del Congo del Este. Conocí a uno más en otro viaje. Me mostró un pequeño cementerio y me explicó que a uno de cada ocho de sus hombres le han disparado y que apenas y ganan 150 dólares al mes. Además, los superan por mucho en número los rebeldes, quienes violan y saquean el parque nacional Virunga, que abarca territorios del Congo, Ruanda y Uganda. Se piensa que hay cuarenta mil rebeldes, y apenas hay setecientos guardias forestales. Me fijé en Kavuye porque solía marchar justo detrás de él en los entrenamientos y tenía unas cicatrices gigantescas detrás del cuello y en la parte inferior del cráneo. Parecía corteza de un árbol con siglos de antigüedad y, aun así, Kavuye tenía una de las sonrisas más cálidas que he visto. Un día le pregunté cómo había conseguido esas cicatrices. “Estaba trabajando como guardia forestal. Me nombraron líder del equipo. En un momento dado, la gente local a la que perseguíamos trató de corromperme, pero me negué. Entonces, le dieron dinero a soldados de Ruanda para que me tendieran una emboscada y me mataran. Así que los soldados de Ruanda me tendieron la emboscada. Me dispararon en el pecho, y quedé tirado de espaldas. Había demasiados de ellos. Le dije a mis compañeros que huyeran. Intenté ver cuántos de los otros nos estaban disparando. Era casi una compañía completa. Éramos seis contra veinticinco soldados del gobierno de Ruanda. Me rodearon y capturaron. Me llevaron muy lejos, adonde normalmente matan gente, animales, elefantes. Me golpearon bastante y me obligaron a pasar por campos de espinas muchas veces. Estaba seriamente herido”.Me mostró marcas negras bajo la piel en piernas, rodillas y manos. ¿Qué es eso? Tengo espinas incrustadas en todos lados. Después de atar mis brazos, decidieron matarme. Pero no estuve de acuerdo y decidí pelear y huir. Desafortunadamente, ya estaba amarrado y débil, así que caí. Me dispararon dos veces en el suelo. Se acostó en el suelo y me mostró cómo le dispararon de una manera casual y a sangre fría, a unos pasos de distancia, cómo estuvo tirado viéndolos. Una bala le rompió la clavícula, y la otra, parte del cráneo. ¿Pensaron que estabas muerto? Sí, eso es cierto. Incluso yo creí que estaba muerto. Me desmayé y perdí la cabeza. Me quitaron toda la ropa y me cubrieron con hierbas y espinas. Pasé dos días así hasta que recuperé el conocimiento. Me di cuenta de que estaba bañado en sangre. Intenté moverme, pero mi cuerpo no podía. Estaba demasiado sediento. Hasta bebí mis propios orines. ¿Podías caminar? Apenas y podía hacerlo. Para caminar treinta millas era un día entero. Fue muy difícil. No tenía nada que comer. Llegué a comer lodo del suelo. No tenía esperanza, así que me fui hacia una manada de elefantes para que ellos me mataran. Pero pasaron sin matarme. Incluso fui adonde había leones para que me mataran, pero fue en vano. Fui hacia los búfalos, pero ninguno me mató. Entonces, decidí buscar a alguien que me ayudara. ¿Te desilusionó que los elefantes, los leones y los búfalos no te mataran? Exacto. Después me dirigí hacia las montañas, esperando encontrar gente. Afortunadamente, llegué a un campamento de los interhamwe. Me preguntaron si era un soldado de Ruanda porque estaban peleando contra ellos. Les dije que no, así que me llevaron con su doctor. Para entonces, tenía muchos insectos en las heridas. “Dios mío”, pensé cuando me dijo que se había topado con los interhamwe, “esta es la historia más increíble que he oído en toda mi vida”. Los interhamwe son los hutus responsables del genocidio de Ruanda, que acabó con ochocientos mil tutsis. Huyeron al Congo después de que rebeldes ruandeses tutsis los persiguieran. Pero Kavuye siguió hablando. Este viaje tomó unos quince días. El doctor interhamwe puso un líquido en mis heridas que mató a todos los insectos. Tomó tres meses de reposo y tratamiento antes de que estuviera curado. ¿Estuviste tres meses en el campamento de los interhamwe? Sí. El doctor estuvo muy feliz con mi progreso y me pidió que regresara a agradecerle y darle dinero. Mi hermana se había casado y vivía por ahí cerca, así que la mandé a hablar con mi padre. ¿Tu familia pensó que habías muerto? Sí. Nadie sabía que seguía vivo. Regresé y vendí mi casa por 450 dólares. Pagué algunos gastos y le llevé 250 al doctor que me curó. Después volví a trabajar con los guardias forestales con la esperanza de que me ayudaran a recuperar mi dinero, pero fue en vano. Mientras trabajaba, mi padre murió. Durante ese mismo período, los mai mai [rebeldes del Congo] se apoderaron de un campamento cercano por una semana. Llegaron a mi casa y preguntaron dónde estaba. Mi esposa les contestó, pero no les agradó la respuesta y la mataron. Nunca vi quejarse a Kavuye. Nunca lo vi enojado ni molesto. Nunca lo vi cansado. Creo que nunca lo vi más que con su grandiosa sonrisa. Después de conocerlo y escuchar su historia, me prometí que nunca sentiría que la vida me trata mal. | |||||||||||||||||||||||||||||||||