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DOS & DON'TS
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EL (EX) DEALER DE HEROÃNA MÃS GRANDE DEL MUNDO ENTEROENTREVISTA POR GRAHAM JOHNSON, FOTOGRAFÍAS POR STUART GRIFFITHS
En los tiempos en los que Suleyman Ergun tenía 21 años, era el más poderoso vendedor de shiva en el mundo. Conocido en las comunidades policiacas y junkies como el Turco del Norte de Londres, Ergun inundó con su banda Inglaterra y toda Europa de heroína por cinco años. Por su esfuerzo, el antes obrero de fábrica obtuvo mansiones llenas de dinero y prestigio ilimitado en el mundo terrenal. En la cima del éxito, fue un multimillonario cuyo viaje favorito consistía en una botella de champaña con ocho gramos de coca diluidos. Ahora está casi en la quiebra y vive con su mamá. Tiene 39 años. ¿Qué pasó? Vice: Cuéntame tus mejores memorias de tus días de dealer. Suleyman Ergun: No hay nada que se le parezca al sentimiento de tener cien kilos de heroína en la cajuela de tu auto. Sólo el estar cerca, olerla. Manejar a ciento veinte millas por hora en algún lugar de Francia pensando: sé lo que traigo en el auto. La policía parándose a tu lado. Una pistola bajo mi asiento. No pensaría dos veces en dispararles. Arriesgarte. Finalmente, por eso me volví dealer, no por el dinero ni el poder, sino por el rush. ¿Fuiste aprendiz del alguien del bajo mundo? A los 15, yo era un niño errante que trabajaba en un negocio de trapos turcos en el norte de Londres. Ganaba 70 libras a la semana. A mis 17, comencé a vender coca, E y mota, y estaba ganando 1,000 libras a la semana. Después fui mula de un par de kilos traídos directamente de Colombia, y vendí eso en los clubes junto con unos chochos. Una vez, alguien trató de robarme en los baños de un antro llamado Camden Palace. Le disparé en la pierna. ¿Cómo es que se puede pasar de vender coca en los baños de un antro a ser el rey de la heroína en toda Europa? Yo, mi actual cuñado Yilmaz Kaya y un babas [padrino] de Estambul llamado el Vulcan fundamos la Conexión Turca, que es una red que trafica, a través de Turquía, heroína de Afganistán para Europa. Hasta principios de los noventa, los turcos la habían estado introduciendo en pequeñas cantidades. Un inmigrante traía diez kilos, los vendía, y alguien se compraba una tienda en Green Lane para empaquetarlos. Pero nosotros fuimos de los primeros en traer cien kilos, apilarlos y venderlos barato. ¿Así de simple? No era sólo la oferta. En el lado de la demanda, nos saltamos a los gánsteres usuales de las familias de Londres. Nos cogimos a la familia Adams cuando nos pidió que le sirviéramos. En cambio, pusimos a un distribuidor en Liverpool para que vendiera el lote. ¿Cuál era tu rol? Estaba metido en todo. La mercancía era llevada de Estambul a París por, digamos, un equipo de danzantes folclóricos turcos. Yo coordinaba la entrega a los scousers en Francia. Unos días después, regresaba a Liverpool con unas bolsas de basura negras llenas de dinero: 140,000 libras, una semana; 100,000, la siguiente; 68,000, la siguiente; 150,000, la siguiente, y así. Luego lo contaba, lo juntaba y lo metía en cajas de cereal para mandarlo de regreso a Turquía utilizando a un coronel de la armada turca disfrazado de coleccionista de huesos chino. Después de un tiempo, aplicamos el mismo sistema en toda Europa: España, Italia, Holanda, Alemania. Tratamos con la mafia y todo eso, y hasta pudimos comprarnos nuestro propio buque petrolero. ¿En qué punto salieron mal las cosas? Uno de nuestros trabajadores estaba teniendo un romance con una mujer que era informante de la policía. Lo agarraron. Y las aduanas nos pusieron bajo vigilancia por un año; después de eso, bingo. Todo valió verga en julio del 93. ¿Cuál fue el resultado? Catorce años, nueve meses. Entre todos, obtuvimos ciento veintitrés años. Y eso te enseñó una lección. No me hizo ni madre. Comencé a dealerear en la cárcel a los dos días moviendo heroína y coca por tarjetas de teléfono, comida y tabaco. En septiembre de 1995, a causa del aburrimiento y la curiosidad, usé heroína por primera vez. Me sentí encantado y calientito, como si alguien me pusiera una cobija eléctrica encima. Pero lo mejor de todo es que la cárcel está llena de heroína, y eso hace que el tiempo pase rapidísimo. Veinte horas en heroína se te hacen como dos horas normales. Salí diez años después, y ni me di cuenta de haber cumplido el bird [tiempo en prisión]. ¿Cómo metías tu heroína a la cárcel? Antes de que me agarraran, tenía cinco kilos de heroína pura de Turquía enterrada junto con dos Berettas, una Uzi y cuatro escopetas en el cementerio de St. Pancras, al norte de Londres. Cada semana podía llamar a una chica por teléfono. Utilizaba la palabra brandy, que era la clave para la heroína café, y ella iba por ella. La chica sacaba del bulto un poco y se lo daba a otra persona, la novia de un tipo que estaba conmigo en prisión. Esta lo envolvía en un condón; luego, en una hoja de nailon moldeada como dildo, y se lo metía en la vagina. El día de visitas, ellos se acostaban de cucharita, él le sacaba el paquete, y luego se lo metía por el culo. De regreso en mi celda, él se podía quedar con sesenta gramos, y yo, con otros sesenta. ¿No se daban cuenta los guardias? Yo tuve un DST [dedicated search team] permanente en mi caso. Hasta revisaban las pilas de mi radio. Pero nunca encontraron nada en mi celda porque yo lo escondía en verduras. Lo escondía dentro de una cebolla perforada, y la enterraba. Cuando el tallo se marchitaba, la sacaba y ponía una nueva. Tomaba tres gramos al día. Vendía la mitad para mis tarjetas de teléfono y eso y me fumaba el resto. A veces me la metía en el culo envuelta en cinta para que se atornillara, y así, si en una búsqueda me ponían a hacer sentadillas, no se me caía. ¿Y nadie podía olerte fumándotela? Mientras no causes problemas chingando a la gente con tus asuntos o peleando, los tiras se hacen los ciegos. Saben que andas en heroína porque tus pupilas se hacen tan pequeñas como hoyitos de arete y te rascas un chingo y te pones rojo y con la piel casi cruda de tanto rascarte. Pero las autoridades se hacen pendejas porque saben que, si te dejas de drogar con heroína, ahí es cuando suceden los asesinatos, y eso sí no lo pueden permitir. Síndromes de abstinencia, gente pateando puertas. Las drogas nunca van a desaparecer de las cárceles. ¿A cuántas mulas conociste? Como a seis en toda la cárcel. Ellos se me acercaban porque yo era rico. Nunca comí la comida de la prisión. Me traían ensaladas de Marks and Spencer. En una prisión, una mula me daba cuatro onzas de mota, una bolsa Carrier llena de tarjetas de teléfono, media bolsa de tabaco, una tele, un teléfono y dos botellas de brandy cada semana por 500 libras más propina por la comida. Me cerraba el ojo y me decía: “Tu caja está debajo de la cama”. Después le pagaba a otro preso para que me la cuidara. Si no tienes dinero, no tienes nada. Me imagino que cuando saliste de prisión, en 2003, dejaste las drogas. No, me volví mucho peor. Descubrí el crack. El mundo había cambiado mucho. No podía cruzar la calle. Todo era muy rápido. Solía ver a las personas hablando por el celular con sus manos libres y pensaba que estaban locos. ¿Cómo es el crack? Grandioso. Me volaba la pinche cabeza. Por los siguientes cuatro años, me quemé como medio millón de libras. Vendí mi piso, mis joyas. Me gasté los últimos cientos de libras que tenía; todo, a la chingada. ¿Cuál fue tu punto más bajo? Mi compañero de cuarto me robó mi piedra de la mesa. Entonces, lo arrastré hasta la cocina, le corté un dedo meñique en la tabla de cortar, el cual llevé al baño y tiré por el escusado. Algunas personas dirían que fue justicia natural que hayas sido castigado por vender heroína volviéndote un adicto. Ojo por ojo. Yo creé a miles y miles de adictos. Mi pasado me alcanzó. Me deprimí, y entonces me metí crack y heroína para olvidar. ¿Cómo te saliste de las drogas finalmente? Fui a tratamiento en Turquía dos veces. Una clínica donde te ponen a dormir mientras te sacan esto. Me costó 20,000 libras. Mi familia lo pagó. Pero, cuando regresé a las calles en Londres, seguí resbalando. Finalmente, me enamoré. Es tan fácil como eso: no he tocado una piedra desde entonces. ¿Volverías a convertirte en un barón de la heroína? No en un millón de putos años. Me han ofrecido 1,000,000 de libras en efectivo para volver a empezar. Podría irme volando a Turquía, comprar cien kilos y ganar unas 100,000 libras en efectivo mañana mismo. Mías. Me abordan cada semana uno u otro de los gánsteres más grandes del país para que regrese al negocio. Pero ya no puedo hacerlo. ¿Por qué? ¿Tienes miedo? Vete a la verga. ¿Quieres que te dé un putazo? | |||||||||||||||||||||||||||||||||