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After suffering at the hands of store-bought Kurt & Courtneys, Sid & Nancys, and Siegfried & Roys for years, we've finally decided that the only acceptable Halloween costumes for couples are those British kids from the Goo cover, two back ends of a horse, or going as each other. Comments/Enlarge | See all


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CHRIS CUNNINGHAM


ENTREVISTA POR ANDY CAPPER
AUTOrRETRATO POR CHRIS CUNNINGHAM

Chris hizo un autorretrato-fotomontanje para acompañar este artículo. Fue influenciado por la estética de la sección de Esposas de Lectores de la revista Razzle. Esta es una versión incompleta de la pieza original. Nuestro departamento legal nos advirtió que, si publicábamos la imagen íntegra, corríamos el riesgo de que cerraran la revista y fuéramos encarcelados. Sin embargo, probablemente aparezca en viceland.com en un futuro próximo.


Chris Cunningham es un oscuro y apartado genio que vive en una cueva subterránea debajo del río Támesis. Pasa sus días balanceándose en su mecedora, proyectando códigos binarios en la pared, leyendo la versión rusa del Infierno de Dante, escuchando discos de Squarepusher tocados alrevés a setenta y ocho revoluciones por minuto en bocinas armadas con pedazos de cohetes espaciales y suspirando todo el tiempo con el ceño fruncido.

Prácticamente cada artículo que he leído sobre Chris me lleva a pensar que lo anterior es cierto. Por eso fue un alivio cuando lo conocí, hace unos años, y vi que no era así. Para nada.

En su lugar, el apartado genio que hizo los más oscuros videos y cortometrajes de todos los tiempos es, de hecho, una de las personas más risueñas que conozco. Tiene una risa que te recuerda a cuando te sentabas hasta atrás en el salón de clase y te meabas de la risa por la forma de hablar de la maestra o por los pitos gigantes que habías dibujado en tu libro de geografía.

Para este número hablamos con Chris de las nuevas fotografías y videos en los que ha estado trabajando y de cómo se relacionan con dos de sus temas favoritos: el
soft porn británico de los ochenta y los videos de perros chaqueteándose.

Vice: Cuando nos conocimos, nuestro principal punto en común fue nuestra apreciación de las clásicas revistas inglesas de jazz de estante, también conocidas como revistas soft porn para jalársela.

Chris Cunningham:
Jaja, sí. Mis favoritas fueron siempre las de Razzle and Men Only.

Esas también eran mis favoritas. ¿Qué es lo te gusta de Razzle?

Siempre me lo he preguntado. Creo que es su estilo fotográfico plano y sin luz. Mi estilo fotográfico está cada vez más influenciado por eso. Recientemente le tomé unas fotos a Grace Jones para una revista, y las fotos son al estilo de Razzle de fotografiar a las mujeres.

¿Cómo? Las chicas en Razzle generalmente enseñaban las tetas mientras comían frijoles al lado del camino.

Jajaja. No, quiero decir que la fotografié de manera muy plana. No creo que el sexo deba ser iluminado de manera complicada. Debe ser plano. Otras revistas del momento usaban iluminación muy producida, y Razzle era lo opuesto.

Muchas de las revistas inglesas de soft porn usaban grandes producciones de iluminación con chicas que vestían prendas de seda en hoteles de cuatro estrellas.

Sí, no me gustaban. ¿Cómo se llamaban las más finas?

Bueno, no creo que finas sea la palabra.

Jajaja. Pero cosas como Playboy y Penthouse, en su momento, hicieron ver a Razzle como una mierda.

Playboy y Penthouse tenían chicas fotografiadas con lentes muy finos, en larga exposición, con fogatas de fondo.

Lo de Razzle es porno crudo, tal cual. Eran mujeres como tu vecina o una secretaria fotografiadas de manera muy simple.

Y ese estilo de porno es el que ha regresado. Tenemos a Sasha Grey sin maquillaje, fotografiada con cámaras Contax. Así es como Penthouse hace las cosas ahora.

Sí, bueno, algo debe haberme pasado en los últimos siete años porque ya no me fijo tanto en eso. Hace siete años me hubiera sentido mucho más cómodo hablando de esto contigo.

Ya no hay emoción en comprar porno. Aquellos días de ir al puesto de periódicos muy nervioso, de 14 años, alegando con el que atiende para que te vendiera una revista, se han ido.

Totalmente. Ahora, cuando hago memoria, las cosas que más me impactaron en la adolescencia son las cosas que más han influenciado mi trabajo.

¿Como qué?

Recuerdo la sección de Esposas de Lectores de Razzle. Era impresionante ver a estas mujeres con el cuerpo flácido y repugnante fotografiadas de la manera más simple. Y usé este estilo para capturar cosas inusuales tal como las verías en la vida real. Hablo de cosas como el libro Rubber Johnny o las fotos que acabo de tomarle a Grace Jones, por ejemplo. De hecho, creo que ese tipo de fotografía es como la que en ocasiones usa Vice. Mucho del imaginario de mi fotografía viene de ese estilo.

¿De qué es el libro?

Es un libro de mi fotografía y de fotos de películas que he tomado, básicamente, en los últimos diez años.

Guau. ¿Cuándo sale?

Creo que tengo que acabar un par de películas primero. Hay una en la que estoy trabajando; podrías llegar a considerarla de horror. Hablar de esto me recuerda una escena de American werewolf in London en la que el protagonista se convierte en hombre lobo en una sala. Eso realmente me impactó. Creo que fue porque era un espacio muy iluminado, y él está desnudo, y, aunque algo muy fuerte está pasando, el elemento sexual no desaparece.

Por supuesto. Puedo recordar experiencias sexuales que han envuelto salas inglesas bien iluminadas y cosas realmente fuertes pasando ahí.

Jajaja. Quiero decir que es muy fuerte para mí toda la experiencia. No sé a ustedes, pero a mí eso me recordó una de las cosas más impactantes que viví en mi adolescencia: encontré una copia de la revista Whitehouse atrás de una cabaña con los scouts.

Sí. Whitehouse era muy ginecológica. Fue la primera revista de porno hardcore que existió en Inglaterra. Recuerdo que un día estaba caminando por un parque cerca de mi casa y encontré un montón de números que alguien había tirado quizá por un profundo sentimiento de culpa o algo así. Las imágenes se veían incluso más fuertes por el aspecto que les había dado la lluvia. Había babosas y bichos entre las hojas.

Cuando me mudé a Londres, una de las habitaciones de mi casa se inundó, dejando empapada mi colección de viejas Razzles. Jaja, eso me recuerda que uno de mis roommates tenía una enorme colección de revistas porno, y sus gustos eran mucho más ginecológicos que los míos; eran como de violación y violencia. No me gustaba verlas. Como sea, un día me dijo que si le podía hacer el paro de esconderlas porque venía su novia. Tenía como cien, y yo no sabía dónde guardarlas. Entonces, tuve que repartirlas en pilas de quince por todo mi cuarto. Bueno, pues, después llegó mi novia, pero yo había salido de compras, y, mientras me fui, ella encontró un montón de revistas debajo de la mesa del teléfono.

¿Y qué pasó?

Cuando regresé, ella ya se había ido.

No mames.

Se fue definitivamente, y no supe nada de ella por días. Cuando la encontré, me enteré de lo que había pasado. Se le cayó algo al piso, y, al recogerlo, su mano rozó con una pila de revistas. Le dije lo que había pasado y le aseguré que, si hubiera encontrado las porno que eran mías, yo habría estado en muchos menos problemas porque las de mi roommate eran de las que podría tener Fred West.

Jajaja. Qué asco.

Estaban muy fuertes para mí. Siempre me la imaginé encontrando las revistas. Algo así como esa escena de The shining en la que una chica husmea entre los papeles.

Y se sale por la puerta principal aterrorizada, tambaleándose.

Y yo vengo regresando de la tienda relajadísimo, sin saber qué pasa.

La revista favorita de Chris Cunningham.

Increíble.

Bueno, en fin. Me cortó poco tiempo después. Duramos un par de semanas más cuando mucho, pero sí volvimos.

Cuéntame otra vez la historia del coco que vino a tu departamento un día.

Jajaja, bueno. El único problema con esa anécdota es tratar de encontrar una forma de contarla sin incriminar a este wey. Okey, un día llega un tipo a mi casa. Estábamos mi novia y yo. Él se había estado metiendo coca. Le agarró la calentura de coca y me preguntó si tenía revistas porno.

Qué fuerte.

Jaja. Así que le di unas. Mi novia y yo estábamos platicando, pero veíamos que él se quedaba viendo las revistas muy fijamente, muy serio, como si estuviera resolviendo una ecuación. Después de un rato, me miró muy serio y me preguntó si mi novia y yo podíamos irnos un momento a la parte de arriba porque se quería hacer una chaquetita.

¿Y se subieron?

Jajaja. Lo hicimos. Nos quedamos tan impactados que, cuando nos preguntó eso, sólo nos fuimos. Y, bueno, estábamos arriba intentando no pensar en el asunto; luego, vimos el reloj y nos dimos cuenta de que habían pasado diez minutos. Se nos ocurrió que quizá estaba meando.

Quizá.

Y la cosa es que, entre más tardas en bajar, más difícil es bajar a preguntarle qué está pasando.

Supongo que es más difícil, como es más difícil realmente escandalizarse por cualquier cosa catalogada como porno en nuestros días debido a su omnipresencia. ¿Qué fue lo último que viste que verdaderamente se te haya quedado grabado? Podría ser ese video del perro masturbándose que siempre le enseñas a la gente con tu teléfono.

El perro masturbándose es, definitivamente, mi favorito de todo lo que he visto en esta década. No tienes idea de cuántas veces lo he visto. Para mí es como cuando el mono avienta el hueso en 2001. En esa película eso simboliza el paso del mono a la siguiente etapa de la evolución o algo así. Pienso lo mismo cuando veo al perro haciéndose una puñeta.

¿Qué es lo que te gusta tanto?

Me encanta el hecho de que la persona que lo está grabando está teniendo la misma reacción que yo cuando lo veo.

¿Que es cuál?

Jajaja. “¡No puedo creer esta mamada!”. Me encanta la forma en la que los animales carecen de dignidad para las cosas. La chaqueta del perro es un organismo completamente fuera de control.

¿Cuándo fue la última vez que lo viste?

La semana pasada. Espero que la gente lo olvide porque estoy haciendo una escena de mi nueva película basada en ese video.


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