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DOS & DON'TS
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EN AMBOS LADOS - PARTE 1Inmigrantes mexicanos y las familias que dejaron atrás
ENTREVISTAS POR GABRIELLA GÓMEZ-MONT
FOTOS POR DULCE PINZÓN Hay un parque de diversiones en la comunidad de El Alberto, en el estado de Hidalgo. Es administrado por indígenas hñahñu. Ahí, en lugar del típico carrusel o rueda de la fortuna, la diversión toma un giro inusual: puedes pretender, por unas horas, ser un inmigrante ilegal tratando de cruzar la frontera a los Estados Unidos. Serás perseguido 17 kilómetros; habrá disparos, cercos de alambre de púas, cactus, sirenas, gritos; tendrás que correr a esconderte, e inclusive verás una muerte teatral, o dos. Y sólo cuesta 250 pesos. Es un simulacro “con fines educativos” del “tortuoso camino de un mojado cruzando la frontera”, según lo explican los organizadores. Sin embargo, este argumento de educación y entrete-nimiento para toda la familia (a veces hay gente con bebés, como en la vida real) parece no ser suficiente, pues el parque ha sido objeto de críticas que lo señalan como un centro de entrenamiento para personas que realmente planean cruzar la frontera. Otros atacan el lugar por tratar con ligereza la terrible experiencia que los inmigrantes pasan en su búsqueda de algo todavía más básico que el sueño americano: comida en la mesa y techo para sus familias. El parque temático, aun estando en el centro de México, lejos de la frontera, fue inspirado en la vida real. La población de la comunidad de El Alberto ha bajado a un poco más de doscientos habitantesen comparación con el promedio de dos mil que había en años anterioresdebido a que la gente está emigrando en masa a los Estados Unidos. Para enfrentar este problema, se formó un consejo municipal, el cual decidió como estrategia reunir las historias de los antiguos habitantes de El Alberto que emigraron, a la vez que revivir una reserva ecológica y garantizar, de esta forma, un ingreso estable para que sus habitantes ya no sientan la necesidad de cruzar la frontera real. Apenas se pone el sol, casi ochenta lugareños que trabajan en el parque visten sus uniformes de policía o se convierten en coyotes enmascarados para los turistas. ¿Y la experiencia real? Algo completamente distinto. Cada migrante que espera en la fila de quienes pasan por debajo del cerco, o en la de quienes se esconden en una cajuela, sabe que, si logra cruzar la frontera, no verá a su familia en México durante los próximos quince años, o algo así. Pero, aunque no la vea, una vez que se establezca en Nueva York tendrá que mandarle dinero. Compañías como Western Unionque cobra altísimas comisiones por el envío de dinerosaben y pueden confirmar que es un hecho frío y seco. En Latinoamérica, esta lealtad familiar es una industria de veinte billones de dólares anuales. De hecho, en la mayoría de estos países, es una de las más importantessi no es la que másfuentes de divisas. Imagínate. Los inmigrantes ilegales en los Estados Unidos, ganando un salario mínimo, mandan más dinero a sus países que el que estos pueden generar en otros rubros de la economía. Pueblos enteros están siendo transformados por el dinero que llega mensualmente, pueblos cuyas generaciones enteras viven en los Estados Unidos. Puedes estar en contra o a favor. Puedes decir lo que quieras. Pero, vaya, no puedes negar que se necesitan muchos HUEVOS para correr en medio de la noche con los únicos pantalones que pudiste traer con la esperanza de que no te dispararan, sólo para terminar en Brooklyn preguntándole al siguiente wey de la fila si quiere papas extracrujientes con su orden. Vice habló con miembros de familias que están en ambos lados de la frontera. Dulce Pinzón fotografió a los emigrados en Nueva York, y después voló a México para ver a los que dejaron atrás. ![]() Toño, 35 años Nueva York Trabajo en una cafetería. Vine a Nueva York después de tener problemas en mi pueblo. Básicamente, me metieron al bote a los 20 años porque mi novia, de 15, quedó embarazada, y sus papás se encabronaron. Estaban tan encabronados que se las ingeniaron para meterme a la cárcel aunque ya lleváramos más de un año viviendo juntos. Pasé nueve años encarcelado. Hasta que me escapé. Una noche oí a un grupo de siete prisioneros planeando su escape. Entre ellos estaba un doctor que me pagaba para que lavara sus platos. Estaba encerrado porque había envenado a seis mujeres. Me incluyeron en sus planes porque se dieron cuenta de que los escuché. Amenazaron con matar a mi familia si no me quedaba callado y me iba con ellos. Así que escapamos. Uno de nosotros murió al escapar, pero el resto sí la hicimos. Fui a despedirme de mi mamá y me fui para los Estados Unidos. Le pagué 2,000 dólares a un coyote para que me cruzara. Llevo ya ocho años aquí. Es difícil estar lejos de mi familia, pero estoy feliz, y es más fácil ganar buen dinero si estás dispuesto a trabajar duro. Y trabajo duro. Mis padres gastaron todo su dinero para sacarme de la cárcel, y decidí que se los regresaría. En los años que llevo aquí, les he mandado más de 40,000 dólares para que se construyan una buena casita; la que tenían antes estaba muy fea: era de adobe. Pero ahora tienen una muy bonita, con piso en lugar de tierra. Es medio extraño, supongo: pagué por una casa a la que nunca he entrado. De hecho, nunca había visto la casa hasta ayer, cuando Dulce me enseñó las fotos que le tomó a mi mamá en México. También hacía más de diez años desde que vi una foto de mi mamá. Estaba tan feliz, tan orgulloso de, finalmente, poder pagarle a mis padres y de que ahora mi madre vive en un lugar bonito. Deberían ver el baño: está muy bonito. | |||||||||||||||||||||||||||||||||