DOS & DON'TS

Right before a shy caterpillar blossoms into a flamboyant gay man there is a brief moment where he’s incredibly fashion conscious but still “straight.” This is the only time girls get to fuck guys that dress better than them so if you see one during this two-month zenith—pounce!
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The way you can tell bros for life is 1) Instead of competing for pussy they carefully divide the group into wingmen depending on who’s in the lead, 2) If there’s a fight one dude instantly becomes three, and 3) If one of them is barfing his guts out the other two are laughing so hard they start worrying about getting enough oxygen.
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MESÍAS DE LOS LEPROSOS* - PARTE 1

¿Puedes creerlo? La enfermedad aún existe

POR CONOR CREIGHTON, FOTOS DE STEVE RYAN

* Ahora usamos la palabra “leproso” porque queríamos hacer referencia a una vieja canción de Metallica. Pero has de saber que la gente que padece lepra encuentra esta palabra muy ofensiva. Carga un estigma contra el que han luchado por años, está fuera de tiempo y es muestra de ignorancia. Así que la próxima vez que conozcas alguien con lepra no tienes ningún pretexto para llamarlo leproso.


Cuando llegé a Nepal, mi destino final era el Hospital de Lepra de Lalgadh, en el sureste de la llanura de Terai. Pero, primero, ciertos enfrentamientos nepaleses requerían ser considerados para llegar ahí. Verás, la tribu madheshi, en un esfuerzo porque el gobierno oficial reconozca su autonomía, ha estado organizando huelgas en las carreteras. El último que ignoró la huelga fue el chofer de un camión lleno de gente camino a una boda. El vehículo terminó siendo incendiado con el asistente del chofer aún adentro. Yo iba justo en esa dirección, así que usamos un Jeep blanco con banderas blancas amarradas al frente y, por detrás, una enorme hache de “hospital” pintada en el cofre y una madheshi al volante. Nuestro camuflaje funcionó, y llegamos a nuestro destino, donde un montón de pacientes con lepra me esperaban.

Lalgadh es el hospital para lepra con más pacientes en todo el mundo. Mientras los nuevos casos de lepra disminuyen en la India, Sudamérica y África, en Lalgadh se siguen recibiendo casi doce diarios. Cuando llegamos, un paciente, de nombre Makessor Mandal, estaba de paso para una amputación rutinaria: el dedo del pie. Era su cuarta vez. Makessor tuvo lepra por veinte años. Aunque ahora está curado, sus pies son totalmente insensibles. Puede pararse encima de una fogata, caminar sobre vidrio despedazado y tener una caña del tamaño de un puro encajada en sus pies y nunca darse cuenta de eso... hasta que, una mañana, se despierta por la peste repugnante que viene del borde de su cama. Makessor estaba aquí, una vez más, porque alguien le dijo que su pie apestaba.


Mientras planeaba mi viaje a la tierra de la lepra, pensé que vomitaría la primera vez que viera una amputación de dedo. Y ahora estaba ahí, a un segundo de poner mi teoría a prueba. Era un día muy caluroso, las luces en la sala de operación estaban muy bajas y el olor a yodo era tan fuerte que sentía como si estuviera nadando en él. Después de unos navajazos del bisturí, un jaloncito de hueso y una cruzada de dedos por parte del paciente y el doctor, todo había acabado. ¿Nada más? El doctor Krishna puso el dedo en una pequeña bandeja para que Makessor lo viera. Parecía como una ofrenda o las sobras de un guisado que, debido a su aspecto, nadie quiso. Makessor sonrió, como si estuviera orgulloso de su dedo inútil. “Somos un poco como un reclusorio para menores”, dijo el doctor Krishna mientras cosía la piel restante con un rollo de hilo de pesca: “los recibimos, tratamos sus heridas y cuidamos de ellos hasta que se encuentran mejor, pero sabemos que siempre, tarde o temprano, regresarán”.

“¿Cuándo estuvo aquí por última vez?”, le preguntó a Makessor, quien miró sus pies y se puso a pensar. “El año pasado”, respondió Makessor, “para el dedo chiquito”.


CONTINUED
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