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DOS & DON'TS
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ASHLEY GILBERTSON - PARTE 1ENTREVISTA DE ROCCO CASTORO ![]() A finales de 2003, la manera de pensar del fotógrafo de guerra Ashley Gilbertson podía resumirse de esta manera: “Si no has experimentado Iraq, eres un pendejo”. Unos meses antes, ese mismo año, Gilbertson (quien aparece con su cámara en la foto de la izquierda) viajaba por la zona iraquí de Kurdistán a bordo de un carro viejo con la cajuela llena de cerveza documentando una nación sin país. Y, después de completar su primer viaje fotografiando la guerra, regresó a los Estados Unidos tambaleando de la complacencia colectiva que encontró. Gente que no había visto la matanza, la guerra y la violencia de primera mano no le podía decir nada. De ninguna manera.
Gilbertson tiene sólo 30 años, pero, por suerte para el resto de nosotros, transeúntes inocentes, ha aprendido a lidiar con la locura de la que fue testigo en ese primer round. Ya no piensa que mereces morir por no saber la diferencia entre chiitas y sunnitas, pero quizá piense que eres estúpido. (Lo cual, probablemente, es cierto). Vice: ¿Cuándo tomaste por primera vez una cámara? Ashley Gilbertson: Llevaba andando en patineta alrededor de un año. Era realmente malo, aunque me creía muy cool. Acababa de aprender a brincar tres escalones y pensaba que era Mike Pinche Carroll. En algún punto, le pedí a mi papá que me tomara una foto patinando. Era un fotógrafo amateur, así que me compró una SLR Ricoh, e intenté usar el temporizador para tomar fotos mías en la patineta, pero, por supuesto, no funcionó. Así que empecé a fotografiar a mis amigos, quienes, de hecho, eran buenos en la patineta. Para los 16 o 17, ya me dedicaba por completo a ser fotógrafo de patinetas. Trabajé en algo de noticias aquí y allá, pero las patinetas eran mi pasión. Conocer el momento decisivo en el cual se caputra una imagen viene de esa experiencia. Es importante conseguir toda la información necesaria para una foto noticiosa: tienes que mostrar todos los tecnicismos y el riesgo que involucra la ejecución. Parece haber una continuidad en tu trabajo: empezaste con patinadores y vagos, avanzaste a refugiados y ahora documentas una nación que ha sido devastada por la guerra. Te jalan los inadaptados. Hay, sin duda alguna, una conexión. Estas son subculturas marginadas y, en muchos sentidos, no tienen voz propia. Y la progresión hacia Iraq fue natural porque le estaba dando exposición a otro grupo que, yo siento, quien no era comprendido. Acercarte a las cosas con un ojo empático es, en realidad, el tema principal de mi trabajo. ![]() Pero la transición de fotógrafo de patinetas a corresponsal de guerra debe haber sido dura. Cuando obtuve mis primeros trabajos grandes fue una pesadilla. No tenía ni puta idea de lo que hacía. Una agencia tiene diez reporteros que deben responderle al editor todos los días. Tenía que archivar fotografías cuando ellos querían, no cuando tuviera tiempo. Al principio, me ponían en historias sobre pendejadas de infraestructura en la ciudad de Sadr, donde tenía que fotografiar otro montón de mierda o a algún político. Hice mucho de ese trabajo porque nadie más lo quería. Todos iban tras la historia de primera plana. Hasta ese momento, la relación que había tenido con mis editores había sido uno a uno, pero, cuando trabajas en un periódico que tiene ochenta fotógrafos alrededor del mundo, no tienen tiempo de hablarte para besarte el culito ni gritarte. Entonces, la verdadera guerra comenzó. La invasión fue una caminata por el parque comparada con lo que si-guió. No lo supe hasta hace poco, pero uno de los primeros editores con los que trabajé me dijo que tenía un fotógrafo en el mismo lugar en el que yo estaba. Después de archivar sus fotos, le habló para decirle: “Mantente pendiente de las fotos de este tipo Ashley porque está mal de la pinche cabeza. Anda corriendo por el campo de batalla como si no hubiera balas”. Recuerdo cómo era, y sí estaba realmente mal: no tenía idea de lo que hacía; probablemente, debí haber muerto. Pensaba que todos los fotógrafos de guerra con experiencia eran unos culones, cuando en realidad yo era un lunántico por andar corriendo por ahí sin casco ni chaleco antibalas. Así que no fui muy aceptado por los otros fotógrafos hasta 2004, en Kabul. Fallujah sucedió en ese año, y ahora soy como sangre ahí. CONTINUED ASHLEY GILBERTSON | 1 | 2 | | ||||||||||||||||||||||||||||||