DOS & DON'TS










RUBÉN “RUFFI” RANGEL GONZÁLES, 28 AÑOS
Vice: Definitivamente sí pareces un skinhead. ¿Cuánto tiempo llevas con las botas y los brackets?

Ruffi:
Desde 1999. La primera vez que vi a un skinhead tenía 15 años. Fui a Monterrey para ver a Los Fabulosos Cadillacs, y había como quince skinheads en el escenario, todos mayores que yo, quizá de 26 o 27. El bajista y el vocalista de la banda los invitaron a subirse mientras tocaban “Guns of Brixton”. Me impactó cómo se veían.

¿Y eso hizo que quisieras ser uno de ellos?

Sí. Su estética y la agresividad ligada al ska, que me ha gustado mucho desde que soy niño, me llevaron a investigar al respecto hasta que me volví uno de ellos.

¿Eres racista?

No.

¿Ni un poquito?

Ni un poquito.

¿Los skinheads son violentos?

La violencia forma parte de ser adolescente. En la preparatoria, cuando eres parte de un grupo grande, puedes llegar a perder tu individualidad, y eso te hace cometer…

¿Cosas estúpidas?

No estúpidas. Es una manera de divertirse. Para un skinhead, la violencia es una manera de divertirse.

¿Qué tipo de skinhead te consideras?

Somos tradicionales. Nos enfocamos en el reggae y la música soul. Nos gusta jutarnos y tomar cerveza. Y sí nos metemos en peleas, pero no tiene nada que ver con luchar contra los hippies, homosexuales o cualquier otro grupo de gente.

Entonces, ¿para qué pelear, mi hermano?

Es sólo que nos alteramos muy fácilmente y no somos del tipo de gente que huye de una pelea. Más bien, lo celebramos y pelamos contra quienes tengamos que pelear.

¿Hay algún código ético skinhead que tengan que obedecer o algo así? Muchos de los skins que conocemos tienen más reglas que el ejército mismo.

No tengo una ideología. Muchas personas relacionan la escena con la izquierda o la derecha, pero la esencia de este movimiento es no política. Para nosotros, lo más importante son el amor por la música, la amistad, el respeto y la honestidad; esos son nuestros valores principales. No tiene nada que ver con la política.

Así no es como funciona para los skinheads en el resto del mundo, pero está bien. Si sólo estás por la música, va, como tú quieras. Pero ¿qué hay de lo que piensas sobre la política? ¿Piensas algo, lo que sea?

Me considero de izquierda, pero no un comunista o anarquista. Existen grupos skinhead en México sumamente involucrados en la política, como los Sharps (Skinheads Against Racial Prejudice) y los Rash (Red and Anarchist Skinheads). También hay grupos de ultraderecha, pero no los consideramos skinheads.

¿Tienes enemigos en lo personal?

He tenido problemas con otros skins porque no participo en la política. Algunos colectivos de Guadalajara y Jalisco dicen que, si no eres comunista, quizá entonces seas un nazi. Y todos los nazis dicen que soy comunista.

Está cabrón.

Pero sigo siendo un skinhead después de nueve años gracias a la música. Reggae, rock, soul. Me apasiona tanto que publico una pequeña revista desde hace diez años. Empecé antes de volverme skin. Además, toco en una banda de música para skinheads. He estado en programas de radio y organizo una gran fiesta anual desde hace seis años que se llama Ponte tus Zapatos de Baile; tocamos discos viejos y vienen skins de todo el país.

¿Cuál es la diferencia entre un skinhead mexicano y los de otros países?

La principal característica del skinhead mexicano es que no tiene dinero. Si te quieres vestir con Ben Sherman, Fred Perry y Dr. Martens—o si quieres comprar música de Trojan Records—, tienes que hacer, neta, un gran esfuerzo.

De acuerdo.

Ah, y aquí las mujeres no son tan lindas como en Europa, pero aun así se visten como skinheads.

Pero si nosotros vemos muchas chicas lindas.


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