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DOS & DON'TS
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NO MAMESLos humanos finalmente arruinaron el océano
TEXTO, POR THOMAS MORTON
FOTOS, POR JAKE BURGHART TRADUCCIÓN, POR MARCO T. VALENCIA CORRECCIÓN, POR IVÁN SIERRA No soy uno de esos güeyes que fastidia a las personas en las fiestas con su discurso sobre biodiésel y llama pendejos a los que se muestran escépticos sobre el calentamiento global; pero debo señalar que tampoco soy uno de esos tipos a-la-verga-las-ballenas a lo Andrew Dice Clay. El problema del clamor con el que se defienden ambos lados del debate ecológico es que nadie sabe de qué putas está hablando. Tratar de formar una opinión sobre el cambio climático, la superpoblación y el precio del petróleo es casi un asunto de fe, pues debe basarse en variaciones estadísticas tan diminutas que incluso los científicos que las estudian se las ven negras asimilándolas. Todo se ve tan jodido, entran tantos gritos y tanta política, que a veces sólo quieres que aparezca algo gigantesco e incontrovertiblemente horrible para que todos estemos de acuerdo, algo de lo que puedas mostrar una foto y decir: “¿Ves? Ya valimos verga”. ![]() Bien, yo tengo justo eso. Hay una sección del océano Pacífico del tamaño de Texas que está irreparablemente atascada de basura que nunca se va a ir. Lo he visto con mis propios ojos. Caso cerrado. ¿Quieren oír más? Muy bien. A mediados de los 90, Charles Moore navegaba en su catamarán de Hawaii a California y decidió cortar camino por el gran vórtice del Pacífico Norte. Este vórtice es un punto de reunión de corrientes oceánicas que dan vueltas alrededor de una zona de alta presión continua si piensas en el Pacífico como en un escusado gigantesco, este sería el lugar donde la mierda se sacude y da vueltas justo antes de ser succionada hacia abajo. Las embarcaciones tratan de evitar esta región debido a que, esencialmente, no hay viento, así que cuando Moore navegó por el lugar eran sólo él, su tripulación y un sinfín de basura. Desde que existe, el centro del vórtice ha sido un punto de acumulación natural de la mierda circundante en esta región del océano. Mucho tiempo atrás, los desperdicios marinos flotaban ahí y (debido a que hasta el último siglo todo era biodegradable) se deshacían en un estofado rico en nutrimentos del que pescados e invertebrados pequeños podían alimentarse. Después empezamos a fabricar todo de plástico, y todo se fue al carajo. El problema con el plástico es que, a menos de que lo martilles con la presión que se necesita para hacer un diamante, no se desintegra. El plástico se fotodegrada hasta convertirse en polímeros individuales, pero estos cabroncitos seguirán ahí por largo tiempo, lo que significa que, con excepción del poco plástico diseñado especialmente para biodegradarse, todas las moléculas sintéticas que se han hecho todavía existen. Y, con excepción del pequeño porcentaje que es atrapado en una red o llega a las costas, la totalidad de los pedazos de plástico que se han desechado en el Pacífico llega al centro del vórtice y está flotando ahí en este momento. Después de surcar basura la mayor parte de la semana, el capitán Moore decidió convertir su embarcación en un navío de investigación y hacer una visita semianual al vórtice para estudiar los desechos. Me uní a su más reciente viaje, acompañando a un doctor cuarentón y divorciado y una química mexicana madre de dos hijos, su única tripulación. Fueron como unas vacaciones familiares, pero con mucha ciencia y muchísimas más metidas de pata. ![]() El parche de basura está localizado en uno de los puntos más remotos de la Tierra. Llegar al lugar toma una semana entera de navegación. Considerando cuán tortuoso puede llegar a ser un viaje en coche de un día, ya pueden imaginar qué tipo de chinga le proporciona a tu cerebro una excursión de siete días en una embarcación de unos quince metros. Pierdes de vista la tierra firme el primer día. Después, dejas de ver otras embarcaciones. De ahí, sólo son olas y un pájaro ocasional, lo cual, luego de ver tanta pinche agua, es igual de emocionante que avistar un ovni. Justo cuando has inventado una canción para cada pájaro en la guía de pájaros del barco e iniciado la configuración de una ópera de pájaros marinos, empiezas a ver basura. Asumí (sin basarme en ninguna investigación ni en el sentido común) que había una acumulación de basura y que el capitán, entonces, nos llevaba hacia ella, pero (¿tristemente?) ese no era el caso. Los patrones del desperdicio flotante cambian con las corrientes, así que tienes que navegar en cierta dirección y esperar hasta que la mierda aparece. De vez en cuando, veíamos algunas piezas de basura flotando cerca de otras, pero la mayor parte del tiempo se trataba de un desfile de pedazos de porquería pasando uno por uno. Era algo desalentador al principio, pero tengan en cuenta que navegábamos por una pequeña región de una de las extensiones de agua más grandes del planeta. El hecho de que no pudiéramos asomarnos por una ventanilla del barco sin toparnos con basura flotando durante la mayor parte del viaje implica cosas muy feas para el resto del océano. Las primeras veces que vimos basura hicimos el gran esfuerzo de detener el bote y recolectarla. Luego, empezamos a levantar toda la que alcanzábamos desde la cubierta delantera. Al final, sólo tomábamos lo que se veía interesante. Algunos desperdicios eran cosas divertidas que habían caído de barcos contenedores, como cajas enteras de máscaras de hockey o de tenis Nike. Tal vez hayan oído del cargamento de patitos de caucho que se perdió en una tormenta del 92. Bueno, pues, estos pequeños han sido utilizados por los oceanógrafos para medir con mayor eficacia el movimiento de las corrientes de agua. Supongo que es tomarle el lado amable a la situación, pero es como agradecerle al sida y al cólera los avances que han propiciado en el campo de la epidemiología. Antes de que nos enfadáramos o deprimiéramos por sacar basura del mar todo el día, conseguimos una llanta de motocicleta, un sombrero de construcción y unos salvavidas para niños con mordidas de tiburón. También estuvimos a punto de chocar contra lo que parecía ser el mástil de otro barco o un poste telefónico. Casi todas nuestras capturas eran pura porquería, como botellas de Coca-Cola y bolsas de súper. La mayoría de estos souvenirs parece provenir de Asia, lo que significa que viajó por lo menos ocho mil kilómetros para encontrarnos. Lo que daba miedo de tener estas cosas en la mano era que sólo una quinta parte de la porquería es arrojada de embarcaciones; el resto es basura generada en tierra que, de alguna manera, termina en un río o canal y se hace a la mar. Como el capitán dijo unas diez o más veces: “El mar está río abajo de todo”. Una vez que llegamos a nuestro inmundo destino, el capitán Moore soltó una red barredora y empezó a tomar muestras de agua en cajas. Había pensado que nos las ingeniaríamos sin microscopio, pero, cuando la primera muestra llegó, era más horripilante que todo lo hubiéramos visto flotando antes. ![]() Había algunos bichos marinos y medusas pequeñísimas, pero estaban superados en número por un confeti grueso de partículas de plástico. Parecía un globo de nieve hecho de basura. Basado en muestras anteriores, Moore estimaba que la razón del plástico frente a los componentes normales del agua marina estaba tan arriba como seis a uno. Mientras nos acercábamos más al centro del vórtice, la razón aumentaba visiblemente, hasta que empezamos a sacar muestras que parecían contener sólo plástico. Esta es la parte del viaje que pesa más en mi mente. Es muy culero ensuciar el planeta con cosas que pueden ser limpiadas digo, los derrames de petróleo y el polvo radioactivo pueden ser removidos hasta cierto punto, pero alterar fundamentalmente la composición del agua marina en uno de los puntos más alejados de toda civilización en el globo terráqueo está en otro pinche nivel de joder el planeta. Es cogérselo por el culo, por siempre y para siempre. Sin lubricante. Esperen, aquí viene lo verdaderamente cabrón. Una vez que el confeti de plástico se hace lo suficientemente pequeño como para entrar en la boca de una medusa, es consumido por esta y empieza su camino hacia arriba en la cadena alimenticia, de regreso a nosotros. Mientras las medusas flotan en el vórtice de desperdicios, hay pequeños peces que se alimentan de ellas, absorbiendo todo el plástico acumulado. Los peces grandes se comen a los pequeños. Peces más grandes se comen a los grandes. Y, para cuando llegas adonde estamos sacando criaturas del mar y comiéndonoslas, nos encontramos frente a una cantidad gigantesca de partículas de plástico alojadas en su grasa. Es el ciclo de la vida imaginado como un cliché distópico de ciencia ficción: comemos nuestro propio desperdicio. Fuera de obstruir el tracto digestivo (biólogos en el océano Pacífico han encontrado cuerpos de aves que murieron de hambre porque sus estómagos estaban completamente saturados de basura), el plástico degradado también tiende a absorber químicos que han llegado al agua. Hay toda una clase de pesticidas y solventes, llamados contaminantes orgánicos persistentenes, que básicamente están diseñados para acoplarse a sintéticos sueltos y ocasionar estragos en cualquier cosa viviente que se los trague. La química de nuestro bote estaba estudiando algunos de los más dominantes de estos químicos en las aguas del Pacífico: el DDE y el DDT. Sí, el mismo DDT que mata águilas bebés. Probablemente también se trate de una sustancia carcinogénica ligada a un bajo conteo espermático y retraso en el desarrollo. El océano está atascado de esa cagada. ![]() Lo peor es que, aunque el plástico esté libre de toxinas, sus componentes pueden destruir potencialmente tu cuerpo. El bisfenol A es un compuesto utilizado en botellas de Nalgene y dildos. También es un estrógeno sintético que puede descarrilar completamente el sistema reproductivo. El doctor Frederic vom Saal, de la Universidad de Missouri, ha estudiado durante la última década los efectos del bisfenol A en ratones de laboratorio y encontrado lazos entre la exposición al químico y un buen número de problemas de salud, incluyendo bajo conteo espermático, cáncer de próstata, hiperactividad, diabetes temprana, cáncer de seno, testículos que no descienden y reversión de sexo. ¿El hecho de que los humanos puedan sufrir de reversión de sexo por, inadvertidamente, comer un compuesto utilizado en la fabricación de dildos califica como ironía? Los estudios de Vom Saal están en medio de una gran controversia porque involucra exposición a cantidades diminutas de bisfenol A y nadie sabe exactamente cómo funciona el sistema endócrino. Hay también una suerte de bala mágica en todos sus descubrimientos, pero, después de platicarlo, hasta él confiesa sentirse sorprendido y algo inseguro de que este solo químico haya sido la raíz de casi todos los problemas de salud de Estados Unidos en los últimos treinta años. Y, si sólo está en lo correcto en uno de los problemas antes mencionados, Dios mío. Peor que todo lo anterior es la posibilidad de que estos mismos químicos puedan, simultáneamente, desencadenar disrupciones masivas en el ADN. “Todo lo que se necesita es un cromosoma mal alineado, y tienes cosas como el síndrome de Down”, dijo Vom Saal. “Si examinas el material genético en animales ligeramente expuestos al bisfenol A, parece que alguien disparó una escopeta contra los cromosomas”. En el borde exterior del vórtice, encontramos la ballena blanca de la basura marina: una red fantasma. Las redes fantasmas son secciones sueltas de líneas de pescar que flotan libremente por el océano, atrapando cualquier cosa en su camino. Los langoliers de Stephen King del mar. Se han encontrado redes fantasmas de kilómetros de longitud con remos, calaveras de tiburones y esqueletos enteros de tortugas marinas saliendo de sus nudos. La que encontramos no era tan larga, pero tenía el doble de mi tamaño, pesaba unos noventa kilos y alojaba un cepillo de dientes y todo un cardumen de peces tropicales. No había manera de que pudiéramos arrastrar el cúmulo masivo de redes hasta la costa, así que lo subimos a cubierta y le pusimos un dispositivo GPS para que los oceanógrafos pudieran rastrear su movimiento, y luego lo soltamos de nuevo al mar. Nuestro camarógrafo, Jake, saltó al agua para filmarlo mientras se alejaba entre una nube de hilos de red y plástico. Cuando subió de nuevo a la embarcación, tenía el pecho cubierto de algo que parecía aceite de bebé. Eran pequeños cúmulos de plástico. | |||||||||||||||||||||||||||||||||