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DOS & DON'TS
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EL PEGAMENTO DE CADA DÃAPara muchos de nosotros el ponerse high (pacheco, cocoliso etc…) es cuestión de elección y preferencia, “ mmm me rolo un porro y veo la peli que rente ó le hablo a mis amigos para cotorrear estupideces en compañía de una bolsita de coca” suena como un domingo perfecto. Pero que pasa si eres un niño de la calle, duermes en cemento frío, tus padres (si es que sabes quienes son) están muertos o desaparecidos, uno se mete lo que sea con tal de no sentir la realidad que lo rodea. Para miles de niños que viven en las calles de Nairobi (en África) un par de chelines (la moneda nacional de Kenia) es suficiente para ir a comprar pegamento, escapando así de la realidad de mierda en la que viven, ya que es gracias al pegamento que ellos pueden sobrellevar de manera mas “amena” las interminables noches frías y engañar al estomago que insiste por un poco de comida. El pegamento, normalmente usado para la reparación de calzado, es metido en botellas de plástico y de ahí directo a la nariz. Es altamente adictivo, niños desde los 8 años están atados a él y al pasar de los años se les ve balbuceando por las calles como perros rabiosos. Los locales adinerados en sus mercedes nuevos, los evitan como si fuesen algún tipo de plaga o enfermedad contagiosa, los turistas blancos actúan como si no existieran. Pero ellos contraatacan esta realidad amenazando a quien sea con bañarlos con excremento humano a cambio de dinero. Una nueva estrategia es amenazarte con acido para baterías arrojándotelo en la cara. Siéntete mal por ellos si quieres, pero mantente alejado de estos pequeños carboncitos, ya ellos no tendrán misericordia de ti. La prensa local se refiere a ellos como puercoespines (Urchins), un termino muy lindo y muy Inglés a la Charles Dickens …que no me jodan!, con solo verlos con sus ropas negras, descalzos en medio de la mierda, con sus ojos rojos y olor a gasolina quemada, mas bien parecen los muertos vivientes. Puercoespines….no me chinguen! Adicto al pegamento por más de cuatro años, Jhon, de tan solo catorce, nos explica un poco de su realidad bajo los efectos del pegamento. “No te da tanta hambre. Te sientes mejor. Si te duele algo, con el pegamento no lo sientes tanto.” Balbucea Jhon en su lengua nativa Kiswahili. La historia de Jhon es particular, su padres muertos o desaparecidos muy probablemente abandonado por sus padres pobres que no tuvieron mas opción que dejarlo en las calle a la merced del destino. En palabras de Jhon, “Primero mi mamá se muere, luego mi papá, luego me fui a vivir con otra mamá pero, esa mamá tampoco le caí bien así que me fui.” Jhon se despierta al atardecer, después de haber dormido un par de horas, para luego dedicar gran parte de su día pidiendo limosna a los Kiswahili (personas de piel blanca) qué, comúnmente se les percibe como gente de dinero. “Algunas veces estaciono coches a cambio de propina, esperando que no me vean los niños grandes.” Si claro. La estructura social de estos niños es como cualquier manada de perros, delimitando y marcando territorios, organizándose como mafias. Los mayores de edad (16 años) mejor capacitados en cuestiones callejeras se apoderan, protegen y organizan a toda una cadena alimenticia, aunque, las traiciones y engaños son parte de todo este desmadre. Jhon aun no forma parte de la elite dentro de la pirámide de mando. Hasta ahora opciones como robar o peor aún, matar a otro niño han estado fuera, pero, tarde o temprano el entorno lo podrá llevar a ello. “Si ven a un muzungu (turista blanco) dándome dinero ellos (los niños mayores) van y me lo quitan a golpes. Una ves me regalaron unos tenis y ellos me los quitaron y me golpearon muy fuerte.” Decía Jhon. Después de haber pasado toda una tarde pidiendo limosna, Jhon tendrá el dinero suficiente para comprar mas “goma” término que ellos usan para referirse al pegamento. Los principales proveedores de esta “goma” son los zapateros y boleros que se alinean en las calles del centro de Nairobi, haciéndoles pagar 5 chelines Kenianos (Ksh) aproximadamente 7 centavos de dólar por una onza de esta amarillenta sustancia. Jhon termina su día en los basureros de los restaurantes en busca de comida. Es la hora del té en Kenia, en las calles se puede ver a los niños reunirse en el parque del centro de la ciudad para celebrar la independencia de su país. Alegres se comentan las últimas noticias y lavan su ropa en las alcantarillas donde el agua sucia corre como un río. Peter es el mejor amigo de Jhon, también de 14 años. Entre ellos se protegen, su historia es igual de trágica. Peter nos comenta “Yo iba a la escuela de San Austin, pero luego mi papá murió. Mi mamá no tenia dinero para seguir pagando la colegiatura así que nos movimos, luego no teníamos dinero para pagar la renta ni para comer, así que mi mamá me dijo que me tendría que cuidar yo solo y pues aquí estoy.” Caída la noche los niños se esconden en la oscuridad de las calles haciendo su mejor intento por permanecer vivos. Jhon y Peter permanecen juntos escondiéndose en uno de los tantos callejones del centro de la cuidad de Nairobi. Cuando encuentran un poco más de dinero, pagan 20 Ksh a un askari (velador) para que los cuide. Sin protección Jhon y Peter son vulnerables y estarían a la merced de ser robados o violados. Así que, ¿quien es el culpable? Los pinches Estados Unidos y su maldita política exterior -es broma, Kenia esta bastante jodida, tiene uno de los mayores índices de corrupción siendo Kenia el tercero después de países como Nigeria y Camerún, esto según datos de la agencia internacional no-gubernamental de transparencia. (NGO) En resumen: al gobierno Keniano le vale madres niños como Jhon o Peter. Según estadísticas a finales de los 90’s se estimaban mas 60,000 mil niños en las calles. No se cuenta con información precisa para calcular este persistente y creciente problema que enfrenta la cuidad. La información oficial calcula que son más de 50,000 mil niños que no atienden la escuela según datos NGO GOAL. Afortunadamente, el gobierno de Nairobi no ha usado la fuerza nazi, fulminando el problema de una buena vez, como lo hicieron en Rio de Janeiro. La cosa se pone peor ya que cualquier ayuda por parte de instituciones privadas, sin el apoyo del gobierno, duran poco y no son efectivas, mientras tanto el gobierno no prohíbe la venta de pegamento ni tampoco vuelve ilegal el “inhalar” pegamento en las calles. La estatua que simboliza la independencia de Kenia dentro parque Nacional de Uhuru (Libertad) que alguna vez simbolizó la esperanza de la cuidad, parece mas bien una ironía simbólica. En Nairobi uno sobrevive, dejando poco espacio para ideas futuras. A pesar del alentador panorama, estos niños aún sueñan, viendo aviones despegar del aeropuerto Internacional Jomo Kenyatta con la idea de algún día llegar a pilotos. Peter sonríe irónico. “Chakara (niños de la calle) no pueden ser pilotos.” Al final, estos niños terminan con su último servicio a la comunidad, muriendo calladamente, junto con sus fantásticos sueños. Como cualquier día los niños se levantan para enterarse de la muerte de algún compañero. La goma que les hace la vida más amena, también hace que su vida sea igual de corta. Los primeros síntomas vienen acompañados de una tos insistente, para luego morir lentamente de pulmonía, debido a que sus pulmones se llenan de líquido, siendo este uno de los tantos males que esta goma provoca al cuerpo humano. Para Jhon estas escenas son parte de su día a día, ver niños toser para luego verlos morir. “Primero tocen sin parar y se cansan tanto que duermen mucho. Luego, cuando se van a dormir ya no se pueden levantar.” Pero Jhon no tiene miedo a la muerte. Esta resignado a su destino. “Te mueres, muchos niños se mueren. Monkey (un amigo) se murió. Kimau (otro amigo) murió. Ben también. Un poco de goma hace que pierdas el miedo” ROGUE WIRE | |||||||||||||||||||||||||||||||||