JESÚS FRANCO


ENTREVISTA DE ÁLEX MENDÍBIL
RETRATOS DE EMILIO SCHARGORODSKY



A Jesús Franco hay que conocerle. Hay que conocerle si te gusta un poco el cine de serie B o el cine de género (de cualquier género), aunque sea por accidente, al toparte con alguna de sus películas. Hay que conocerle si echas de menos el erotismo afrancesado de la era pre-porno. Hay que conocerle si eres un rastreador de rarezas en VHS. Hay que conocerle si manejas con soltura los nombres de Orson Welles, Klaus Kinski, Christopher Lee o Howard Vernon. Hay que conocerle si te va el eurotrash. Hay que conocerle si crees que has entendido al Marqués de Sade, a Freud, a Alain Robbe-Grillet… Bien. Supongamos que lo conoces, y que ahora quieres conocerle bien. Deberías ver al menos 50 películas suyas, desde las más clásicas en blanco y negro, hasta los últimos experimentos en video digital. No creas que son muchas, es la cuarta parte de una filmografía que abarca más de 50 años. Procura que no falten estas: Tenemos 18 años, Miss Muerte, Necronomicon, Venus in Furs, Eugenie… the Story of Her Journey Into Perversión, Vampyros Lesbos, Christine, princesse de l’erotisme, Al otro lado del espejo, Doriana Grey, Macumba sexual, Camino solitario, El mirón y la exhibicionista, Vampire Junction...

Los que hayan llegado hasta aquí probablemente querrán también comprender su cine, que aparenta ser frívolo y casposo (y en parte lo es), pero esconde multitud de llaves secretas, guiños, referencias, hallazgos insólitos, y buen gusto musical. Comprenderle es más difícil, su obra está enredada en multitud de leyendas, errores, datos perdidos, contradicciones y falsos testimonios (muchas veces propagados por él mismo), pero si a pesar de todo lo quieres intentar, hay que conocerle en persona. Yo puedo decir que lo he conocido, al menos un poco, tres horas para mí solo. No sé si lo he comprendido del todo, espero que no, pero lo disfruté como un enano.

Jesús Franco en persona es otro misterio, quizá el último al que se tiene que enfrentar el francomaníaco para entender su obra, y seguramente el más infranqueable. El tío Jess te recibe cordialmente, bromea contigo, contesta tus preguntas con una mezcla de memoria borrosa, frases aprendidas y vaguedades improvisadas, pero al mismo tiempo te inspecciona, te tantea, y te desafía con sus propias preguntas. Enseguida uno se da cuenta de que no le entusiasma hablar de sus películas, especialmente de las que tienen más de 20 años. Es comprensible, él mismo reconoce que no le gusta ninguna, y no por falsa modestia. Prefiere hablar de las películas de otros (es una enciclopedia viviente), de las que va a hacer, o de música, y de eso sabe más que de cine, que ya es decir. Quizá por ello se define como un músico que hace películas. Un músico de free jazz, claro. No sé cómo empezamos a hablar de Miss Muerte, cuando le di a la grabadora, el tío Jess ya iba lanzado.

Jesús Franco:
…me contrató Silberman para hacer Miss Muerte, pero la idea se la escribí yo. Estos dos, Silberman y Safra, productores de Buñuel, solían producir películas de dos en dos. Una vez era uno el productor ejecutivo, y otra vez era el otro. La importante desde el punto de vista de la panoja era Cartas boca arriba, que era más cara, y la otra era Miss Muerte, que a Silberman le gustaba más.

Vice: ¿Te gustaba Alphaville de Godard? Cartas boca arriba tenía mucho que ver…
¡Hombre, claro! Es el director que más me gusta de toda la historia del cine. Lo he pensado mucho, y me ha costado trabajo atreverme a reconocerlo, pero ya lo digo sin problema.

¿Y te gusta todo Godard? Porque ha cambiado mucho desde aquellos años.
Una de las cosas que me gusta es que cambia tanto. No es un tío de ideas cerradas, tiene una inventiva increíble. Sus Histoire(s) du Cinema son cojonudas, es la Biblia del cine.

¿Lo conociste en esa época? Tú ibas mucho a la Cinémathèque de París…
Sí, sí, pero no en la Cinémathèque. Yo ahí iba a ver películas, no iba de tertulia. Pero en aquel tiempo había dos puntos, el Capulade y Café de Flore, dos cafés donde iban los disidentes. Era un poco como el Café Gijón, si entrabas y te decían “siéntate” ya te habían admitido. Allí conocí no sólo a Godard, sino a mucha gente, pero yo a él le considero el más importante de esa generación. Conocí también a Melville, que es otro tío con una inventiva cojonuda, y a otros menos trascendentes. Pero, ¿sabes que lo primero que Silberman me pidió fue que rodara una película para Marcel Ophüls, el hijo de Max Ophüls, pero con su nombre? El muy zorro cabrón le veía muy verde y pretendía que yo la rodara y luego la firmara Marcel. Le dije que una leche, que yo sería muy novato y lo que fuera, pero que no hacía eso. La película era Peau de Banane, con Jean Paul-Belmondo y Jeanne Moreau, nada menos.

Menuda época aquella, de ahí te viniste a España a trabajar con Orson Welles, ni más ni menos…
Sí, yo siempre tuve buenas relaciones públicas… [ríe] Pero a quien le debo más y no me canso de repetirlo siempre que puedo, es a Juan Antonio Bardem, que me dio la primera oportunidad, al hacer de su ayudante, cuando yo no era nadie, ni tenía carnet de nada, ni de script, ni de hostias en vinagre. A Juan Antonio yo le caí muy bien sobre todo por cuestiones políticas, y eso me abrió muchas puertas. También me cerró otras, claro, porque yo era marxista, y los de derechas no me podían ni ver.

Y ahí empezó tu fama de gamberro…
No, bueno, empezó mi fama. La verdad que prefiero tener fama de gamberro que de prosélito del régimen.

Cuando haces Necronomicon (1968) hay un cambio radical en tu filmografía, empiezas a hacer un cine más abstracto, ¿te habías cansado de hacer cine ortodoxo?
Yo nunca quise hacer cine ortodoxo, lo que pasa es que no me dejaban, o lo hacía ortodoxo o me quedaba en casa. Necronomicon iba a ser una cosa más sencilla, pero como la censura española me prohibió el guión, porque también había censura de guión, el coproductor alemán me preguntó si podía hacerla sólo con él, y yo le dije que sí, que la hiciéramos. Entonces, dentro de los márgenes de la historia, me dio libertad absoluta para que la contara como a mí me diera la gana. Eso fue mi liberación mental. Y más en esos momentos en los que la censura era tan jodida… “hay un problema en la página 7, la escena tachada en rojo no la haga usted” y toda esa mierda. El hecho de poder hacer lo que me gustaba me sonó a música celestial.




1 | 2 | 3 | 4 | NEXT PAGE »



READ/POST COMMENTS






We’re going to let the piercings slide because he fought the urge to do something “creative” with his afro like dreads or cornrows. This is one of the rare instances where you get points for something you didn’t do. Then he gets an extra star next to his name for separating his dress shirt and his v-neck with the perfect tie. Shit, even the BLT is working for him.
Comments/Enlarge
See all


The only way you can get through your day and live with the fact that these homeless infants from the Hip-Hop Daycare are more than a Nickelodeon cartoon is to tell yourself this photo is from Napoli or something and would never happen here.

PS: It is.


Comments/Enlarge
See all



ARGENTINA | AUSTRALIA | AUSTRIA | BELGIUM: FRANÇAIS/NEDERLANDS | BRASIL | BULGARIA | CZECHOSLOVAKIA | CANADA: ENGLISH/FRANÇAIS | DEUTSCHLAND
ESPAÑA | FRANCE | GREECE | ITALY | 日本語 | MEXICO | NETHERLANDS | NEW ZEALAND | PORTUGAL | SCANDINAVIA | SCHWEIZ | SOUTH AFRICA | UK | US

HOME | NÚMERO ACTUAL | DOs & DON'Ts | ARCHIVO | CONTACTO
© 2006-2009, Vice Magazine España | Privacy Statement | Site Development: Solid Sender