DOS & DON'TS









Pony antes [recuadro] y después. Fotografías cedidas por la Fundación para la Supervivencia de los Orangutanes de Borneo





Por favor Dios, te lo pedimos de rodillas, haz que esto no sea cierto
Te presentamos a Pony. Es una orangután de un pueblecito de Borneo, donde han talado la selva por completo para extraer el aceite de palma que se exporta al extranjero para fabricar bálsamos labiales, helado, chocolate y galletas de queso.

Vice: Háblanos de Pony.

Michelle Desilets [Directora de la Fundación para la Supervivencia de los Orangutanes de Borneo]:
Pony es una orangután de un pueblecito de Borneo que vive de la prostitución. La encontramos encadenada a una pared, tumbada en un colchón. Le habían afeitado todo el cuerpo.

Me dan ganas de llorar.

Si se le acercaba un hombre, se daba la vuelta, se presentaba y empezaba a dar vueltas como si estuviera bailando. La utilizaban como esclava sexual. Probablemente tenía seis o siete años cuando la rescatamos, pero hacía ya mucho tiempo que una madama la tenía en cautiverio. La madama se negaba a entregárnosla porque a todo el mundo le encantaba Pony y le reportaba gran parte de sus ingresos. Además, pensaban que Pony era afortunada, porque escogía números de lotería que resultaban premiados.

¿Sabían los clientes que se estaban acostando con una orangután?

Sí, claro, a eso venían. Podías escoger un humano si lo preferías, pero para muchos hombres era una novedad tener sexo con una orangután. La afeitaban cada dos días, y eso hacía que tuviera todo el cuerpo lleno de granitos y la piel muy irritada. Los mosquitos se la comían y las picaduras se le infectaban. No dejaba de rascarse. Estaba tremendamente gorda y la engalanaban con joyas. Era una visión espantosa.

¿Joyas?

Sí, le ponían anillos y collares.

¿Cómo conseguisteis sacarla de allí?

Tardamos más de un año en rescatarla, porque cada vez que íbamos con los guardabosques y agentes de la policía local, topábamos con la resistencia de los lugareños, que se negaban a entregárnosla. Nos amenazaban con armas y cuchillos envenenados. Al final se requirieron 35 policías armados con fusiles AK-47 y otro armamento para entrar en el burdel y exigir que nos entregaran a Pony. Un equipo de la televisión local lo filmó todo. Al final del reportaje, cuando aparecemos desencadenando a Pony, se oye a la madama gritando como una posesa: “¡Se llevan a mi niña! ¡No podéis hacerme esto!”. En Indonesia nadie se preocupa de hacer cumplir las leyes, así que nadie será inculpado por esto.

ENTREVISTA DE JACK ADAMS