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DOS & DON'TS
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![]() FOTOGRAFIAS Y TEXTO DE STUART GRIFFITHS ![]() Según nos explicó: “Los médicos hacíamos exactamente lo mismo que los demás soldados: patrullar y cosas así. La diferencia estribaba en que nosotros también veíamos las consecuencias de la guerra. Veíamos las bajas. Teníamos que enfrentarnos a las matanzas, a la muerte y a la destrucción”. David pasaba diecisiete horas al día arreglando cuerpos que habían quedado despedazados por la metralla y la artillería, cosiendo los miembros de los muertos en vida y viendo fallecer a incontables personas. Un incidente en particular continúa persiguiéndole en sus pesadillas. “Había una niñita de unos ocho o nueve años. Su familia había fallecido. Intentábamos ser amables dándole agua y trozos de chocolate. Un día vimos a una milicia ahorcándola en un callejón y tuvimos que elegir entre intentar salvarla (lo cual habría provocado un disturbio y muchas más muertes) o dejar que muriera una sola persona”. La colgaron. “Cuando la milicia se fue de allí, la descendimos de la horca y la enterramos. La mayoría de los jóvenes de 21 años se dedican a emborracharse, pero a mí me pesará sobre la conciencia esa niña hasta el día de mi muerte.” David fue dado de baja por razones médicas tras seis meses y le diagnosticaron trastorno postraumático un año después. Una vez en casa, adelgazó muchísimo y no conseguía dormir. Rompió con su novia. Asegura que a sus colegas les dieron órdenes de no hablar con él. “No salía de casa. No tenía contacto con nadie. El mundo se desmoronaba a mi alrededor. Me sentía fatal. Las pesadillas hacían que me encerrara en el cuarto de baño. Cerraba la puerta, echaba el pestillo y pasaba horas y horas llorando.” David ha intentado suicidarse en dos ocasiones, una con un cuchillo y otra con un arma que erró el tiro. ![]() Dave recuerda: “La patrulla de aquel día no tenía nada de extraordinario. Formábamos un convoy de cuatro vehículos. Yo viajaba en el primero, un Land Rover sin capota. Un terrorista suicida había intentado colarse en la base aérea estadounidense de Bagram, que estaba a uno cuantos kilómetros de distancia, pero llegó a un punto de inspección de vehículos y decidió darse la vuelta. Había un par de barracones de la ONU un poco más abajo de la calle en la que estábamos y probablemente su objetivo fuera inmolarse en uno de ellos, pero nos tocó a nosotros. Quizá porque éramos un objetivo demasiado vistoso para errar el tiro. Me han contado que salí disparado por los aires. Yo no me acuerdo. El conductor murió al instante. Mi amigo Dave iba en el asiento de pasajero y perdió un ojo. Yo quedé tendido en el suelo, hecho una bola de fuego. Un par de funcionarios de la ONU vinieron a socorrernos y apagaron las llamas. El sargento de mi unidad detuvo a un vehículo a punta de pistola y nos lanzó a todos al asiento trasero para llevarnos al campamento internacional. Llegamos en siete minutos. Yo había perdido ya cuatro litros de sangre. Un par de minutos más y habría sido mi fin. Cuando recobré la conciencia estaba en Alemania. La diamorfina es bastante buena en ese sentido. Pasé un tiempo recuperándome y luego caí en coma otras dos semanas y media. Estuve ingresado durante dos meses y luego me trasladaron en avión al Reino Unido y me llevaron al hospital de Selly Oak, en Birmingham. Fue humillante, si he de ser sincero. En Alemania había estado en cuidados intensivos y tenía a seis enfermeras cuidando de mí. En cambio, en Selly Oak estuve tres días en cama, me visitó un especialista y, luego, adiós muy buenas. Entonces cogí el MRSA (este filococo dorado resistente a la meticilina), un virus encantador que puede contraerse en los hospitales del Reino Unido.” ![]() Según nos explicó: “Descendíamos por un sendero montañoso y uno de los nuestros perdió la pierna derecha al hacer explosión una mina. Fuimos a socorrerlo mientras alguien avisaba por radio para pedir un helicóptero. Nuestro cabo, que se llamaba Pearson, regresó sobre sus pasos y una mina le voló la pierna izquierda. Empecé a hacerle un torniquete y entonces se me unieron otros dos soldados: mi amigo Mark Wright y un médico a quien no conocía. Esperamos más o menos una hora a que el helicóptero viniera a sacarnos de allí. Cuando al final aterrizó, una roca hizo explosionar otra mina. En esta ocasión fue Mark quien resultó gravemente herido. La explosión me lanzó por los aires a unos dos metros y resulté herido en el brazo por la metralla. También alcanzó al médico. Di un paso adelante para acercarme a Mark y otra mina me voló un pie. “Mark falleció en Chinook. Estaba a mi lado en el suelo del helicóptero, en una bolsa para cadáveres. Yo sabía que me iban a amputar la pierna: el tiempo de espera había hecho que se me gangrenara. Me trasladaron en avión al Reino Unido, directamente al aeropuerto de Birmingham, desde donde me condujeron al hospital de Selly Oak. En aquel entonces, Selly Oak no tenía capacidad para gestionar el número de heridos que estaba recibiendo. Uno de mis principales problemas es que estaba en la misma sala que los civiles. Y lo último que uno quiere ver cuando le ocurre algo así es a civiles.” |