DOS & DON'TS













FOTOGRAFIAS Y TEXTO DE STUART GRIFFITHS





ndy Julien tenía 18 años y llevaba dos meses destacado en Iraq con los Lanceros Reales de la Reina de Inglaterra cuando su tanque Challenger fue atacado al sur de Basora. Andy y el soldado de primera clase Daniel Twiddy dormían encima del tanque cuando sufrieron el ataque. Un testigo presencial explicó más tarde a la comisión de investigación del Ministerio de Defensa británico que tras “el estallido de un arma pesada y un destello de luz”, el tanque se convirtió “en una bola de fuego explosiva”. Andy y Daniel salieron despedidos y cayeron al suelo envueltos en llamas. Dos de sus compañeros fallecieron en el interior del vehículo al recibir el impacto.

Pero ahora viene la parte más hilarante de todas: el ataque al tanque de Andy lo perpetraron tropas aliadas. El incidente lo provocó lo que en el informe se ha descrito como un “compendio de errores”. Las leyes de inmunidad en el combate protegen las identidades de los responsables del ataque, de modo que no se acusará a nadie. De hecho, a Andy le han llegado rumores de que, desde el incidente, los miembros de la tripulación del tanque que abrió fuego sobre ellos han sido ascendidos.

Tras informar por error a sus padres de que había muerto, el Ministerio de Defensa trasladó en avión a Andy hasta el hospital de Broomfield, en Essex. Al principio, sus padres no reconocían el montón de carne hinchada y sanguinolenta que les comunicaron que era su hijo. Tras veinte intervenciones quirúrgicas y seis meses postrado en una silla de ruedas, Andy fue dado de baja del Ejército sin que éste le ofreciera ni siquiera un trabajo administrativo.




los cinco días de estallar la guerra en Iraq en 2003, una ráfaga de fuego amigo impactó sobre el tanque Challenger en el que viajaba Daniel Twiddy, a las afueras de Basora, y lo hizo saltar por los aires. Se trataba de un proyectil de falsa ojiva de alta explosion (HESH) de 120 milímetros disparado desde otro tanque británico. Daniel recuerda quedar sepultado bajo las llamas cuando una segunda ráfaga impactó en la torreta del vehículo y mató a dos de sus compañeros. También recuerda estar a cuatro patas, cubierto de llamas, gritando durante lo que le parecieron los últimos segundos de su existencia.

Se despertó un mes más tarde en el hospital de Broomfield, Chelmsford. Tenía el 80 por ciento del cuerpo quemado y un boquete en la cara. Se considera muy afortunado.

Daniel explicó a Vice: “Yo he sido artillero y, cuando consigues alcanzar un objetivo difícil como un tanque, la sensación es increíble. Los proyectiles de falsa ojiva de alta explosión de 120 milímetros están diseñados para destruir búnkers. Nos dispararon dos. Tengo una suerte inmensa de seguir con vida.

Cuando me alisté al Ejército británico, respetaba al Ministerio de Defensa. Pensaba que era su deber apoyarte contra viento y marea. Cuando uno está en el desfile de graduación, después de la formación, dicen: ‘No sólo su hijo es parte de nuestra familia, ahora ustedes también son parte de nuestra familia’. Pamplinas… una falacia como no hay otra. En cuanto ocurre algo como lo que me ocurrió a mí, te apartan a un lado como si fueras un simple número. No se preocupan por ti. Físicamente, acabaré curándome. Lo que más me duele es lo que he dejado atrás. Siempre recordaré lo que me han hecho. El fuego amigo es algo que jamás debería haber ocurrido, así que ahora deberían cuidar de mí. Pero no lo admiten. Eso es lo que más rabia me da.”




urante su período de servicio en Iraq, en 2005, Mark Drydon formaba parte de una patrulla rutinaria. Era domingo. Los viernes en Iraq suelen ser bastante tranquilos porque todo el mundo va a la mezquita. En cambio, para los iraquíes, el domingo es un día laboral como otro cualquiera. Pero aquel domingo en concreto, a Mark le sorprendió comprobar que la calle estaba desierta.

Mark nos dijo: “Era como si los iraquíes supieran que iba a suceder. La carretera por la que circulábamos es una de las más transitadas de Basora, pero aquel día no había niños ni coches ni nada. De repente, se produjeron dos explosiones. La primera ocurrió en el bloque del motor y la segunda reventó mi puerta. Todo sucedió en cuestión de segundos, pero el tiempo se ralentizó a partir de la segunda explosión. Sabía que estaba gravemente herido. Me enviaron al hospital de campaña montado en un hotel de las proximidades, donde me estabilizaron y me prepararon para evacuarme en helicóptero al hospital central.

No creo que la opinión pública británica hable pestes del Ejército; critica al Gobierno por habernos enviado a la guerra. Se pregunta por qué seguimos desplegados allí, por qué sigue habiendo muertos y heridos entre las filas británicas. Yo luché en Iraq en 2003. He estado en Bosnia, Kosovo y dos veces destinado en Irlanda, pero, cuando me dijeron que volvían a enviarme a Iraq en 2005, sentí más miedo que nunca. Incluso cambié mi póliza de vida para asegurarme de que estaba actualizada antes de marcharme. Cuando echo la vista atrás y pienso en lo que era Irlanda del Norte en los años 70, no puedo evitar compararlo con Iraq. Opino que estaremos allí al menos otros diez o quince años.”

CONTINUED:
HECHOS TRIZAS POR LA GUERRA
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