DOS & DON'TS













ILUSTRACIONES DE R. PENRY

INTENTÉ COMERME A MI NOVIA

Sufro terrores nocturnos. Son una versión más física de las pesadillas, en la que se escenifican físicamente los sueños. Aparentemente, la causa es la ansiedad. Existen casos de personas que han apuñalado a otras personas y han cometido asesinatos estando dormidas. Pero son casos extremos.

Yo siempre he sufrido pesadillas horribles. Cuando era niño solía despertarme en lugares extraños de la casa, temblando, con el corazón palpitando a mil por hora. Una vez arranqué una estantería de la pared de la habitación estando dormido. Me desperté con la televisión y el equipo de música encima. Otra vez me desperté gritando junto a la ventana, que estaba abierta. Pero he aprendido algunas cosas. Ahora, antes de acostarme, compruebo que todas las ventanas estén cerradas y que no haya tijeras ni objetos punzantes cerca.

La peor experiencia de mi vida sucedió hace alrededor de un año. Estaba acostado junto a mi novia y soñaba que algo me estaba atacando. Cuando me desperté, tenía su mano en mi boca y sangre por toda la cara. Le había mordido dormido y le había arrancado un trozo de carne. Fue espantoso. Es raro, pero en mi sueño yo pensaba que la estaba salvando. Escribí una canción sobre lo ocurrido.

DORAN EDWARDS


ME ORINÉ ENCIMA DE MI ABUELA

Regresé a mi ciudad natal y me alojé en casa de mi abuela un par de días. Una noche fui a un bar con unos cuantos amigos y nos pusimos como cubas. No sé cómo, pero regresé dando tumbos a casa de mi abuela y me acosté.

Por la mañana, aún con cara de sueño, me desperté y me dispuse a comer el desayuno. Mientras comía vi a mi abuela arrastrar su colchón, que estaba mojado, hasta el balcón para que se secara. Estaba que echaba humo y no me dirigía la palabra. Al final, tras más de una hora de insistirle preguntándole qué le ocurría, empezó a gritarme y me dijo: “Estarás orgulloso de ti mismo…”.

No tenía ni idea de qué me hablaba. Entonces me contó que me había levantado en medio de la noche, había entrado a trompicones en su habitación, me había desabrochado la bragueta y había empezado a mear en su cama, con ella acostada. Toda mojada de pis, me gritó que parase, pero yo le contesté a gritos, diciéndole que cerrara el pico y regresé caminando a la cama.

DARREN COUPONN


COMPAñERO DE CUARTO PSICÓPATA

En mi primer año de universidad compartí habitación con un chaval indio bajito y musculoso llamado Jay. El día que nos instalamos, él colgó un póster gigante de un jugador de fútbol manchado de barro por detrás con el lema: “Los ganadores nunca se rinden, quienes se rinden nunca ganan. NUNCA TE RINDAS”.

Nos contemplábamos mutuamente con sospecha, pero, mientras que él se sentía incómodo conmigo debido a mi pulcritud y mi gusto musical, yo estaba totalmente convencido de que él iba a matarme. Sé que era una idea totalmente arbitraria y estúpida, pero me apunté a clases diarias de defensa personal y empecé a dormir con un cuchillo escondido bajo la almohada.

Mi grado de paranoia se vio exacerbado una mañana en que me desperté totalmente paralizado. Estaba tumbado boca arriba, cara al techo, y lo único que podía mover era el cuello a uno y otro lado. Mi compañero de habitación estaba de pie encima de mí, tenía una sonrisa enfermiza en el rostro y de repente me sumí en el terror más absoluto. Él se aproximaba a mí flotando a un ritmo lentísimo. Lo único que yo quería hacer era sacar el cuchillo de debajo de la almohada, pero estaba tan tenso que no conseguía mover ni un dedo. Intenté pedir ayuda a gritos, pero sólo logré emitir un grito ahogado.

Al final nuestros rostros estaban tan cerca que ya no podía ni verle los ojos con claridad. De repente, un subidón de adrenalina consiguió sacarme de la parálisis. Entonces me desperté y me descubrí bañado en sudor, con un cuchillo en la mano y gritando el nombre de mi compañero de cuarto.

Después de aquello, mi pasión por Wagner pasó a ser un tema secundario respecto a mi “comportamiento innegablemente psicótico”, según escribió mi compañero a la junta de alojamiento. Se mudó una semana después.

JAMES TARMY


INFARTO SONORO

El último episodio de parálisis que sufrí fue uno de los momentos más pavorosos de mi vida. Recuerdo que me había acostado muy tarde y me despertó un ruido agudo, como un grito, seguido de una terrible opresión en el cuello. Lo único que oía era un chillido insoportable, como cuando estás en un concierto muy cerca de los amplificadores y no llevas tapones en los oídos. Estaba paralizada y rodeada de una oscuridad casi total, salvo por un campo energético luminoso que me absorbía toda la fuerza. Cada vez me sentía más débil. Empecé a gritar, pero no lograba emitir ningún sonido. No podía moverme. Estaba aterrorizada y, cuanto más me asustaba, más débil me sentía y menos podía moverme.

Como ya me había pasado antes, sabía que asustarme sólo empeoraría las cosas, así que intenté calmarme. Estaba completamente consciente y no dejé que me invadiera el pánico. Mantuve la calma. Con un esfuerzo sobrehumano conseguí bajar a rastras de la cama. Una especie de fuerza de resistencia me echaba para atrás. Probé a gritar otra vez, pero seguía sin emitir ningún sonido. Intenté llegar al pomo de la puerta, pero no lo logré. Hice acopio de todas mis fuerzas y lo intenté de nuevo. Abrí la puerta y todo aquello acabó.

Me desperté en la cama. Me pesaba la cabeza, tenía el brazo dormido y respiraba entrecortadamente. Al día siguiente seguía débil y tenía una sensación extraña en el pecho. Creo que lo que más miedo da de la parálisis del sueño es que NO tienes ni idea de lo que te está sucediendo, que no tienes ningún punto de referencia para saber qué te está pasando. Es como una experiencia sobrenatural.

MARY MURPHY


EL INFIERNO EN MI CAMA | 1 | 2 |