DOS & DON'TS













ILUSTRACIONES DE R. PENRY

Hipnagogia: fenómeno que consiste en experimentar sensaciones muy reales y a menudo aterradoras en la fase de duermevela, entre el sueño y el despertar. Suele ir acompañada de la llamada parálisis del sueño, lo cual significa que uno agoniza sin poder moverse mientras experimenta el peor momento de su vida. Otra cosa horrible es que uno piensa que está despierto cuando todas esas cosas aterradoras están sucediéndole. De hecho, el argumento de la película de Wes Craven Pesadilla en Elm Street se basaba en este fenómeno.

Quienes padecen hipnagogia o “tienen pesadillas despiertos” suelen afirmar que unas siluetas oscuras se posan sobre ellos, que reciben visitas de alienígenas o que alguien les oprime el pecho mientras están paralizados y no logran despertar hasta que al final consiguen reunir fuerzas y proferir un grito de horror terrorífico en plan “¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHH!!!”

Entrevistamos a siete personas que padecen hipnagogia habitualmente. Esto es lo que nos contaron. Rogamos al cielo que no se trate de una enfermedad contagiosa, como las pesadillas, porque, de ser así, estamos apañados… por no mencionar a nuestros compañeros de habitación y nuestras parejas.


EL PORTAL DE LOS MUERTOS

Hace unos cinco años bebía mucho y tomaba unos dos gramos de cocaína cada noche. Mis problemas con las drogas se acentuaron más o menos cuando mi tía y mi abuela fallecieron delante de mis ojos.

Un día regresé a casa de madrugada, tras pasarme la noche de fiesta bebiendo whisky y esnifando farlopa. Me quedé dormido vestido en la cama y me desperté a eso de las ocho de la mañana, cuando los primeros rayos de sol se colaron entre las cortinas de mi habitación. Recuerdo no ser capaz de moverme y oír una voz fuera de la puerta de mi dormitorio preguntándome si quería una taza de té. Para mi horror, era la voz de mi abuela muerta y, en aquel momento, también percibía el olor de su casa, una mezcla de cera para muebles y col cocida. Las cosas empeoraron cuando la maneta empezó a subir y bajar y la abuela comenzó a darle empujones a la puerta, haciendo que vibrara contra el marco. Yo estaba totalmente paralizado. Era como la escena final de Suspiria, cuando la mejor amiga de Suzy Bannion, que está muerta, atraviesa la puerta del dormitorio de la malvada directora de la academia de baile. Era como si el portal hacia el mundo de los muertos se abriera en mi habitación. Sentí un miedo aterrador. Recuerdo respirar hondo tres veces por segundo y quedarme aterido. Luego, para acabar de rematar las cosas, una mano invisible garabateó la palabra «CERDO» con sangre en la pared de mi dormitorio.

Entonces empecé a soltar unos alaridos espeluznantes. Me desperté temblando y bañado en sudor. Espero que los vecinos no me oyeran. Después de ese día no tomé nada en al menos tres días.

ANDY CAPPER


NARIZ SANGRANTE

Siempre me ha fascinado el tema de la parálisis del sueño. La última vez que me ocurrió estaba despierto tumbado en la cama y totalmente inmóvil. Entonces vi a un hombre con el rostro pintado. Parecía un indio americano con un tocado de plumas. Yo estaba paralizado en la cama y él estaba de pie sobre mí. Cuanto más le miraba, más se extendía la pintura roja que tenía en la cara, hasta que empezó a convertirse en sangre. Daba bastante miedo.

Cuando por fin conseguí despertarme, sangraba por la nariz.

KEVIN FIELDS

FUNERAL POR CÁNCER

Hace dos años, una chica de mi ciudad natal falleció de cáncer. Yo no fui al funeral, pero parece que fue un drama: la madre de la chica se vino abajo cuando descendían el ataúd, su padre se arrancó literalmente la ropa gritando de dolor y sus dos hermanos mayores sufrieron sendos episodios de histeria.

Cuando me lo contaron, empecé a sentirme terriblemente culpable por no haber asistido al funeral, por no haber telefoneado a la chica en sus últimos días de vida y por no haber hecho nada para ayudar a la familia. Durante días recreé en mi mente el funeral, hasta que una tarde supongo que me agoté tanto física como emocionalmente. Serían en torno a las cuatro de la tarde y, de repente, mientras imaginaba el funeral otra vez, sentí la necesidad de tumbarme. Empecé a pensar en el sepelio, pero, por algún motivo, las imágenes que me venían eran muy reales y la escena recreada se situaba por encima de mí, como si yo estuviera en el fondo de la fosa. Veía a mi madre en lo alto, enloquecida por el dolor mientras miraba hacia mi tumba y oía los gemidos de mi padre desmoronándose. “Esto es ridículo. Yo no estoy muerta, es esa chica la que ha muerto”, pensaba yo, pero mi incredulidad acerca de la situación pronto dio paso al pánico, pues no era capaz de salir de la tumba. Intentaba llamar la atención de mis padres, pero estaban demasiado absortos llorando como para fijarse en mí. Intenté alertarlos durante lo que me parecieron horas, pero no lo logré y al final empecé a llorar de frustración. Al notar una lágrima en la mejilla, me desperté y súbitamente estaba de nuevo en mi habitación.

CINDY McCULLOUGH

CONTINUED:
EL INFIERNO EN MI CAMA
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