| Padres chinos muestran fotografías de sus hijas mayores atrapadas en las redes de tráfico de personas para la prostitución. |
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a Organización Mundial del Trabajo (OMT) me envió a Asia como parte de una iniciativa llamada “Proyecto subregional del Mekong para combatir el tráfico de niños y mujeres”. Mi trabajo consistía en fotografiar los problemas que padecen niños y mujeres a diario. El encargo cubría Tailandia, Camboya, Laos y China. Yo llevaba fotografiando esta temática desde 1999 y, como parte de otros encargos, había viajado a Bangladesh e Indonesia.
Según calculaba un informe reciente de la OMT, en la región de Asia y el Pacífico, 1,36 millones de personas son explotadas laboralmente por las redes de tráfico. Ello equivale al 55 por ciento de la cifra planetaria de personas de las que se abusa en este sentido. Se cree que entre el 40 y el 50 por ciento de las víctimas del tráfico de personas son niños, muchos de los cuales acaban en la industria del sexo. Los miembros de sus familias suelen desempeñar un papel fundamental en la incursión de sus hijos en el sector del comercio sexual. Viven en una pobreza tan abyecta que piensan que éste es su único modo de subsistencia. Hay una gran demanda de niñas y niños en este sector. Proxenetas y propietarios de burdeles los consideran su mayor activo.
Antes de visitar estos países, yo imaginaba que sería difícil, y en ocasiones imposible, sacar fotografías de las mujeres y los niños que trabajan en la industria del sexo, pero me sorprendió la actitud de los proxenetas y los propietarios de los burdeles. La mayoría de ellos me permitían fotografiar lo que quisiera a cambio de unas cuantas latas de refrescos para las niñas o una cerveza para el hombre. Otras veces tenía que actuar como un cliente y pagar la suma requerida para entrar a una habitación de un burdel y fotografiar a las niñas sin permiso del proxeneta. Creo que en realidad a ellos no les importaba, siempre y cuando cobraran su dinero. No era algo que me hiciera sentir bien, pero era el único modo de sacar fotografías.
La mayoría de las niñas se prestaban a que las retrataran. Supongo que, en cierto sentido, pensaban que aquello podía ayudarles. Espero sinceramente que sirva de algo. Fotografiar a la niña de China con las cicatrices de cuchillas y quemaduras de cigarrillos fue la parte más terrible de mi viaje. Estaba drogada hasta las cejas, desesperada. Al dejarla en aquella habitación me sentí fatal, pero, al mismo tiempo, me sentí bien por haber captado su imagen para enseñársela al mundo.
Sin información ni fotografías, esta forma de esclavitud seguiría pasando desapercibida en el resto del mundo. Queda mucho por hacer para acabar con el sufrimiento de millones de mujeres y niños de todo el mundo. Espero que, mi granito de arena, mis fotografías, ayuden a estos esclavos de la pobreza.
NICK RAIN
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| Una niña china metida en el mundo de la prostitución y las drogas se autolesiona para aliviar su frágil estado mental. |
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| Un proxeneta camboyano bromea con sus empleadas fuera del burdel. Las chicas se ven obligadas a prostituirse para saldar las deudas de sus padres. |
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| En Tailandia, un niño con VIH positivo muestra una fotografía de su madre, que trabaja como prostituta en Bangkok. |
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| Niñas vietnamitas y camboyanas esperan clientes cerca de la frontera de Tailandia con Camboya. |
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| Una madre muestra una tarjeta de identidad, lo único que le queda de su hija, secuestrada para ser introducida en el mundo del comercio sexual. |
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| Esta niña vive con su madre y su padre, dos granjeros camboyanos sumidos en la pobreza más tremebunda. A su padre lo engañaron unos traficantes locales, quienes le prometieron que podían encontrarle trabajo a su hija mayor en la ciudad como camarera o mujer de la limpieza en un hotel. Le entregaron dinero suficiente para comprar una vaca con la que trabajar sus campos a modo de anticipo hasta que su hija cobrara un salario. No supieron nada de ella durante tres años, hasta que otra niña camboyana a la que rescataron de un burdel de Malasia dijo haberla visto en el mismo burdel. El padre afirmó que no volvería a permitir que el destino le jugara una mala pasada a su hija. |
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| Una niña vietnamita, a la que su proxeneta vende como virgen. Las redes de tráfico de personas la llevaron a Camboya para saldar la deuda de su familia. |
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| Vendidas a un burdel local por sus padres, que habían contraído numerosas deudas, estas niñas indonesias (de 15 y 16 años) trabajarán hasta que sus padres paguen lo que deben. |
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