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DOS & DON'TS
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![]() Unos días después se le gangrenaron las zonas donde más duramente le habían golpeado. Lo rescataron de la muerte, eso sí: tras amputarle ambas piernas y los genitales. Aunque este ejemplo de novatadas salvajes en el Ejército ruso saltó a los titulares de todo el mundo, un detalle demasiado truculento pero también demasiado habitual se pasó por alto: los oficiales violaron repetidamente al pobre joven recluta. El término “novatada” no logra ni de lejos glosar el terror de la dedovshchina o el “gobierno de los abuelos” que rige en el Ejército ruso. La dedovshchina no es ninguna broma pesada consistente en obligar a las víctimas a engullir latas y latas de cerveza hasta que vomitan. La dedovshchina es lo que ocurre cuando el cuerpo de los oficiales pierde la autoridad y los reclutas de 19 años empiezan a imponer sus reglas a los de 17 y 18. Es tan salvaje que los jóvenes alistados le temen mucho más que a Chechenia. Un ex soldado llamado Vlad confesó a Vice: “El primer día que pasamos en los barracones, todo el mundo nos gritaba ‘colgaos ahora antes de que sea demasiado tarde’”. Antes o después, muchos soldados siguen ese consejo. El Ejército ruso cuenta con una media de 500 suicidios al año o, lo que es lo mismo, 45 de cada 100.000 soldados se quitan la vida. En el Ejército estadounidense, por ejemplo, la media es de 17 por cada 100.000. Los abogados militares sostienen que la dedovshchina es la principal razón de los suicidios. Más de 10.000 soldados desertan cada día por el mismo motivo. Otros enloquecen, como dos reclutas en 2002, que asesinaron a tiros a ocho compañeros en su puesto de avanzada en Ingushetia, en el sur de Rusia. Cuando los hicieron presos un par de días después, afirmaron que lo habían hecho para “vengarse por la dedovshchina”. De hecho, los incidentes de soldados ausentes sin permiso oficial que se adentran en los bosques y dejan tras de sí un reguero de cadáveres son moneda corriente. Las torturas empiezan desde el primer día, cuando los soldados mayores confiscan los uniformes nuevos de los reclutas y se los cambian por harapos usados y de cualquier talla. Esto no es sólo una estrategia de intimidación: ayuda a identificar a los nuevos reclutas, a los que llaman dukhi o “fantasmas”. Los soldados son reclutados para servir en el Ejército durante dos años, si bien, según las reglas de la dedovshchina, este tiempo se divide en segmentos de seis meses. Los soldados del segundo año, que suelen tener entre 19 y 20 años, reciben el nombre de “veteranos”, y los soldados a los que les queda menos de medio año de servicio se denominan dedy o «abuelos». Los dedy tienen incluso más autoridad que los oficiales, y están impacientes por devolver las torturas que a ellos les infligieron. Por añadidura, la dedovshchina incorpora un sistema para garantizar su perpetuidad: si los veteranos no son lo suficientemente duros con los nuevos reclutas, ellos mismos se “degradan” a la categoría de dukhi. El año pasado, al menos 16 soldados fallecieron a manos de los dedy. Las torturas físicas y psicológicas nunca se detienen. Aunque no existen estadísticas, Valentina Melnikova, directora del Sindicato de Comités de Madres de Soldados, afirma que las violaciones son endémicas. Menciona, asimismo, la privación de sueño, las palizas, la inanición y los trabajos forzados como otras tácticas empleadas para torturar a los dukhi. Un tipo de tortura particularmente abyecta consiste en obligar a un dukh a limpiar los lavabos sin apenas agua corriente con un cepillo de dientes. Los lavabos son agujeros cavados en el suelo y salpicados de mierda por todos sitios; nada que ver con esos retretes alicatados e inmaculados de La chaqueta metálica. Usar un cepillo de dientes para limpiarlos es como pedirle a un elefante que se limpie el culo con algodoncillos. Le preguntamos a Lyosha, otro ex soldado, por la dedovshchina. Nos mostró una cicatriz tan gruesa como un dedo gordo que le corría desde el ombligo hasta la nuez. Se negó a explicarnos en detalle las circunstancias que se la ocasionaron. Simplemente dijo: “Pasé el resto del servicio en el hospital”. Las raíces de la dedovshchina se remontan como mínimo a la década de 1960, pero tras el derrumbamiento de la Unión Soviética pasó de ser un ritual de novatadas a convertirse en un sistema sádico de tortura y abusos. A partir de 1991, el Ejército se sumió en el caos más absoluto e incluso es posible pagar para no ser reclutado. Actualmente cuesta unos 5.000 dólares esquivar el reclutamiento y, dados los horrores de la dedovshchina, todo aquel que puede permitírselo los paga. Sólo el diez por ciento más pobre de los rusos acaba yendo al Ejército. Suelen ser la escoria de la sociedad, con frecuencia hijos de alcohólicos recalcitrantes o de pequeños delincuentes. Por regla general, no se encuentran chicos de Moscú ni de San Petersburgo en el Ejército. La dedovshchina se ve exacerbada por el hecho de que los suboficiales rusos apenas reciben un sueldo de 200 dólares al mes. Eso no da para vivir ni en un país tan pobre como Rusia. Los oficiales no tardan en caer en la cuenta de que uno de los mejores medios para complementar sus ingresos es convertir el único recurso que tienen a su alcance en dinero líquido. Y así empiezan a alquilar a sus reclutas como mano de obra diaria barata. El sistema de la dedovshchina se presta a esto depositando la responsabilidad de gestionar el negocio en los veteranos. Los dedy obligan a los dukhi a soltar pasta con regularidad. Ver a soldados andrajosos mendigando por Moscú es una imagen frecuente, y los reclutas suelen ser “alquilados” como obreros de la construcción. Entre tanto, de los dedy se espera que impongan la disciplina. “Si los dedy te pillan sin afeitar, tienen dos modos de abordar el problema”, nos explicó Vlad. “A veces te quitan la barba frotándote con una toalla hasta que te queman la piel por el roce. Ya podéis imaginaros cómo duele, pero es mejor que el segundo método, que consiste directamente en prenderle fuego.” Pese a ello, todo esto no es más que un juego de niños comparado con lo que te hacen los dedy cuando empiezan a beber. Las pocas limitaciones que tienen se evaporan una vez entra en acción el vodka. No es ninguna coincidencia que el incidente de Sychyov tuviera lugar durante la noche de Año Nuevo. A la estela de aquel escándalo salió a la luz un verdadero menú de los métodos que emplea la dedovshchina. ¡A ver si aprendes, Lynndie England! Si quieres saber más sobre cómo torturar, estúdiate a fondo esta guía del top ten de las novatadas en el Ejército ruso: EL ELEFANTE: El nombre de esta tortura procede de las máscaras de gas rusas, que tienen una especie de trompa a través de la cual se respira. El ded obliga al dukh a ponerse la máscara, tapona el extremo de la “trompa” (cortando con ello el suministro de aire) y le obliga a recitar las reglas del Ejército, a cantar canciones de guerra soviéticas patrióticas o a dar vueltas corriendo hasta que se desmaya. A veces, cuando el soldado empieza a ponerse morado, el ded abre el conducto del aire y, mientras el torturado toma una bocanada, es golpeado en el plexo solar. EL MURCIELÁGO: El dukh se tumba en la litera inferior de una cama típica del Ejército, se agarra de la cama de arriba con las manos y las piernas y se queda colgado. Durante mucho, mucho tiempo. Normalmente, varios dukhi tienen que hacer el murciélago al mismo tiempo y el último en caer se libra de sufrir otros castigos. EL CIERVO LOCO: Es autoflagelación, simple y llanamente. El ded ordena al dukh que se entrelace las manos sobre la frente y se golpee la cabeza contra la pared. Con excesiva frecuencia, esta práctica se salda con una conmoción cerebral. LA TELEVISIÓN: Aunque al profano pueda no parecerle especialmente brutal, esta forma de tortura fue la que derivó en la amputación de las piernas y los testículos de Sychyov. El dukh se sienta en un taburete y se le entrega otro taburete con un vaso de agua encima, en equilibrio. Los dedy le retiran el taburete en el que está sentado y, si se derrama agua del vaso, le dan una buena tunda. El nombre procede del hecho de que el dukh observa el taburete que tiene entre las manos con suma concentración mientras espera a que los dedy le retiren el taburete en el que está sentado. LA BICICLETA: Esta práctica podría tener lugar con mayor frecuencia si no fuera porque a los dukhi sólo se les permite dormir unas pocas horas por la noche. El ded coloca unos rollos de papel entre los dedos de los pies del dukh mientras duerme y les prende fuego. El movimiento que el dukh hace para intentar apagarse los pies en llamas recuerda a Lance Armstrong pedaleando en el último tramo. LA CONFISCACIÓN: Tal y como suena. Cuando los parientes de un dukh le llevan comida o provisiones de algún tipo, los dedy se las confiscan. Uno podría pensar que esto podría remediarse fácilmente si el dukh les dijera a sus familiares que no le trajeran nada…, si no fuera porque los dedy suelen hacer nuevos pedidos que, si no se satisfacen, derivan en más torturas. Así que no hay elección: el dukh, inane, tiene que sufrir la tortura de ver cómo los dedy le confiscan el caldo de su abuela y se lo comen delante de sus narices. EL COCODRILO SECO: Para las ocasiones en las que el “murciélago” no resulta lo suficientemente intimidatorio, los sádicos rusos, en un alarde de creatividad, inventaron la siguiente variante: el dukh se cuelga cabeza abajo entre dos literas; debajo de él colocan un kalashnikov con la bayoneta apuntando hacia arriba y el soldado permanece allí colgado indefinidamente “secándose”. Los dedy a veces lo aporrean con almohadas mientras el recluta se aferra para salvar su vida. EL PAJARILLO: Esta práctica, que probablemente sea la forma más sádica de dedovshchina, adopta su nombre de un diminutivo de la abreviación rusa para los teléfonos portátiles de campaña que utilizan los ejércitos. Por difícil que resulte de creer, el otrora temido Ejército Rojo aún sigue utilizando teléfonos de campaña accionados mediante manivela, como los que se usaban en los años treinta del siglo pasado. El ded le enrolla el cable del teléfono alrededor de los dos dedos gordos del pie al dukh y luego empieza a darle a la manivela. Cuanto más rápidamente la acciona, más terrible es la experiencia. EL FAISÁN: Podría parecer exagerado afirmar que los dukhi aguardan el “faisán”, pero, si consiguen superar esta prueba, dejan de ser dukhi. El dukh tiene que acuclillarse sobre las patas de un banco puesto boca arriba mientras los dedy hacen cola y le azotan el trasero desnudo con un cinturón metálico. Este método varía según la unidad, pero el dukh debe esperar que le den un mínimo de 100 latigazos. Si en algún punto se cae del banco, el proceso vuelve a empezar desde el principio. “Cuando logré pasar la prueba tenía el culo como una pelota de baloncesto”, recuerda Vlad. “Pero no podía ser más feliz.” BILLAR: Incluso en el salvaje mundo de la dedovshchina, algunas formas de crueldad son tan brutales que sólo pueden emplearse en ocasiones especiales. El billar es una de ellas. Consta de dos partes: primero, el ded le mete una bola de billar al dukh en la boca y luego empieza a golpearla con un taco. En el mejor de los supuestos, el dukh puede esperar que se le astillen algunos dientes. En el peor, el juego progresa al nivel anal y todo el mundo ríe a carcajada limpia mientras a un adolescente lo violan con un taco de billar. JAKE RUDNITSKY |