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DOS & DON'TS
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![]() ![]() ¿Y todos aquellos tipos que hacen esos movimientos rápidos tan irascibles con vinilos cubiertos de marcas adhesivas que se supone que significan algo? ¡Esos no son DJs! No sé cómo llamarles. ¿Tarados quizá? Cinco años atrás, ellos se autodenominaban “turntablists”, pero creo que ahora les resulta embarazoso. De una cosa estoy segura: esos tipos no pinchan en el circuito de sesiones pagadas en el que estoy yo, porque ningún macarra de extrarradio bailaría una locura de scratch abstracto de una hora mezclado con una cara B de P-Funk. He conseguido muchos ingresos extras haciendo de DJ en los últimos años y apenas puedo rascarme la espalda. Lo único que necesitas es una grabadora de CDs, cualquier programa para descargar de internet y un gusto musical pasable. Aquí te explico todo sobre mi vida como DJ para fiestas: TÉCNICA FLOW: La única destreza un tanto efímera que hay que aprender es el flow. ¿Alguna vez has hecho una recopilación para alguien que te molaba? Entonces ya sabes a lo que me refiero con flow: la habilidad para mantener una atmósfera. Una vez estuve en una fiesta en la que el DJ pinchaba todo el rato un tema bailotrouno de hip-hop, uno de slow-rock, ¡y así sucesivamente durante una hora! Nos levantábamos a bailar y luego nos sentábamos, y al final nos limitamos a quedarnos sentados y a lanzarle miradas realmente obscenas. Eso es lo contrario de flow. Para llegar a dominar el flow sólo tienes que evitar ser un imbécil. ¿Serás capaz? Pasar de un género a otro totalmente opuesto es fácil. Basta con construir puentes diminutos en vez de dar un gran salto. Por ejemplo, vayamos de una sesión hip-hop a una punk-rock. Pinchas tu último tema rap y entonces una canción de Prince, luego puede que ESG, luego The Slits. ¡Lo conseguiste! Ya estás en el punk antes de que tu público se haya enterado de lo que ha pasado. MCD: Eso es tu audiencia y significa Mínimo Común Denominador. Tú pinchas para borrachos y cocainómanos y lo que ellos necesitan es el equivalente sonoro a una manta de seguridad. ¿Qué música querrías escuchar cuando estás super colocado en un bar: a los Journey o algo de acid-house oscuro? (No contestes si eres un raro). Yo solía pasar mucho tiempo recopilando los temas más inusuales, cosas que al escucharlas en casa me hacían flipar. ¿Sabes qué? No les interesaban a nadie. De hecho, dejaban de bailar. Ahora me limito a pinchar la música que me gustaba cuando era adolescente (The Misfits, The Smiths y canciones de las pelis de John Hughes) y me adoran. En caso de duda, ponte nostálgico. CUEING: Con esto implementas el flow al que me acabo de referir. Tienes dos lados: derecha e izquierda. Mientras está sonando algo en la derecha, piensa qué tema podría quedar bien después. Pon esa canción a la izquierda pulsando, en un reproductor de CD, los mismos botones que ya has pulsado mil veces antes, o poniendo la aguja en el surco apropiado en el caso de un vinilo. Cuando la canción de la derecha está a punto de acabar, desliza la palanquita de la caja que hay entre los platos hacia la izquierda. Cuando falta un poco menos de la mitad, pulsa “play” en el CD o “start” en el giradiscos. Felicidades, ya estás pinchando. ¿No me merezco un “es muy fácil”? VENTAJAS ADICIONALES COLAS: Saltarse la cola a la entrada del club y dicer: “Ey, soy el DJ” es un placer inconfesable. Me encanta ir a un bolo superdesaliñada. Cuanto más guay es el club, peor es mi aspecto. Entonces paso junto a todos los que me escupían en el instituto y alardeo exageradamente al pasar primero por la puerta. DINERO: Dependiendo de quién seas, el salario de una sesión de DJ puede oscilar entre unas cuantas copas gratis y cantidades obscenas (para los pesos pesados) que te harán odiar el capitalismo. He oído decir que a Paul Sevigny le pagaron 15.000 putos dólares por pinchar en Sundance. Espero que sea una leyenda urbana. La mayoría de DJs que conozco están bastante contentos si consiguen un par de cientos. En las inauguraciones de arte deberían pagar más, unos 350 euros. Y recuerda esto: que te paguen siempre en efectivo esa misma noche. En 24 horas el dinero se transforma por arte de magia en cocaína y desaparece dentro del culo de alguna modelo. CUMPLIDOS: Una de las mejores cosas de ser DJ es cuando pinchas un tema brutal y la gente viene bailando hacia ti y te dice: “¡Me encanta esta canción!”. Te llenas de orgullo y haces como si la hubieras compuesto tú. Y te pones en plan: “¡Gracias” Sí, yo me he bajado “Youth Gone Wild”, yo estoy al mando. Es como si te dijeran que tu técnica con la guitarra al aire es la puta hostia. EQUIPO AGUJAS: Esas elegantes, aerodinámicas y extravagantes agujas de 500 euros son la segunda mayor estafa en esto de hacer de DJ aparte de convencer a la gente de que pinchar es duro. Si quieres agujas super resistentes, ve a una de esas tiendas de componentes electrónicos y cómprate el juego de agujas más barato que encuentres. Incluso puedes persuadirles para que te rebajen el precio. Me hice con un par más unos cascos malos por 90 euros después de engatusar al vendedor durante un minuto. (A propósito, las agujas baratas se llaman agujas de hip-hop y eso es mala leche contra los negros). MEZCLADORES: Hay unas cuantas marcas de mezcladores, pero ¿a quién le importa? Los DJs quieren que pienses que los mezcladores son complicados pero, en realidad, son casi tan fáciles de usar como el estéreo de tu casa. Una vez pinché en una fiesta de lesbianas en la que al final les estuve dando clases de DJ a las chicas durante toda la noche. Hicieron una fila en la sala y sólo tardé unos segundos en enseñarle los conocimientos básicos. Cuando les enseñé lo simple que era, estaban alucinadas por lo que la gente exagera sobre pinchar. Pero sí, hay algunos trucos resultones. Si estás pinchando un tema hip-hop, es divertido cortar los bajos después de la segunda estrofa y luego subirlos a toda hostia en el estribillo. Es una artimaña ingeniosa para animar la fiesta y, además, las chicas se vuelven locas. Pero también puedes limitarte a decir: “¡Qué más da!”, poner todos los niveles en el medio y leer un libro entre tema y tema. ETIQUETA ¡AY!: La vas a cagar. El vinilo saltará o te distraerás con algún niñato borracho que te dice lo mucho que “Bizarre Love Triangle” significa para él o dejarás que suenen dos temas de Wire seguidos. No te autoflageles. Todos están demasiado colocados para darse cuenta. Tú también deberías estarlo. Aprovecha la ocasión para anunciar algo. Yo suelo gritar alguna información importante del estilo: “¡No paréis de bailar, hijos de puta!” o “¡Tengo que mear!”. PETICIONES: Intenta no llorar cuando alguien te pida Missy Elliot, ¡otra vez! O “Hey Ya!” o “Milkshake”. O Cher cuando estás pinchando Minor Threat. O “hip-hop” a secas. O cualquier otro género, de hecho. No te creerás con qué frecuencia la gente pide un estilo totalmente diferente al que el DJ está pinchando. Es exasperadamente de mala educación porque le estás diciendo al DJ que odias su música. Si no te gusta lo que estoy pinchando, espera 10 putos segundos y estaré pinchando algo diferente. Si por narices tienes que pedir un tema, mejor que sea del mismo rollo que lo que estoy pinchando en ese instante Y mejor que sea una canción insensata que me haga decir: “Mierda, sí, ¿por qué no se me había ocurrido?” Un hecho real: Sólo me ha pasado una vez entre cientos y cientos de peticiones. La canción era “Sweet Emotion” de Aerosmith, lo creas o no. RESERVA LO MEJOR: Es cosa de sabios. Como no quieres gastar toda tu munición antes de que la noche alcance su punto álgido fiestero, separas los temazos que serán un éxito garantizado entre la multitud y esperas, pensando, “¿Ahora? ¿Ahora? ¿Lo suelto?” Y finalmente dices: “Ha llegado el momento, voy a romper la pista”. Y, ¡boom!, se produce una explosión nuclear. Una sala llena de gente a la que no te atreverías a mirar a la luz del día está flipando como si les acabara de tocar la lotería, todo porque tú has pulsado ese botón. Por eso te dedicas a esta mierda. Por eso y porque estás como una puta cabra. AMY KELLNER |