DOS & DON'TS









Ilustración: Christy Karacas




El jurista Nayib Mohamed al Nuaimi fue uno de los principales abogados del último equipo legal que defendió a Sadam Husein. Al Nuaimi saltó a la palestra al defender a los presos de Guantánamo. Recientemente este célebre activista de los derechos humanos en el mundo árabe se sentó a conversar con nosotros.





ice: ¿Qué sintió cuando Sadam fue ejecutado?

Nayib Mohamed al Nuaimi:
Debo confesar que lo esperaba.

¿Y Sadam lo esperaba?

Bueno, sus palabras fueron: “Si la muerte es mi destino, ¿por qué debería cambiarlo?”. Por desgracia, Sadam no quiso someterse a un juicio internacional. Decía: “He nacido aquí y aquí moriré”. No quería convertirse en otro Milosevic. Quería quedarse en Irak, pese al saber que aquél iba a ser un juicio regido por las fuerzas de la ocupación. El país está ocupado y el tribunal lo establecieron los estadounidenses.

¿Estaba lúcido cuando hablaba con él?

Sí. Tenía la mente muy clara y era consciente de todo. Creía que lo habían juzgado ya antes de que el juicio comenzó realmente y que aquello no era más que una patraña.

¿Creía Sadam que, si lo ejecutaban, la mayoría de los iraquíes lo considerarían un mártir? ¿Pensaba que su muerte alimentaría la insurgencia?

Bueno, antes de nada, permítame aclarar que el término es incorrecto. No se trata de insurgencia. Nosotros la llamamos “resistencia”. Baatista, islamista, póngale el adjetivo que prefiera…, pero es resistencia.

La aparición de Sadam y sus discursos políticos alentaron a los nacionalistas árabes de todo el mundo. Se demostró que era un hombre sin miedo. Creía que su país debía ser liberado de las fuerzas que lo ocupan en la actualidad. Todos nosotros lo creemos…, incluido yo. Irak está ocupado. Creer que somos libres es un engaño, y también lo es pensar que Estados Unidos se ha retirado o que se celebran elecciones libres. No es verdad. Irak es un país ocupado.

¿Por qué accedió a representar a Sadam cuando estaba tan claro que era culpable de violaciones masivas de los derechos humanos? ¿Defendía usted al Sadam de una era o al Sadam acusado?

Su familia y varios colegas suyos se pusieron en contacto conmigo y sopesé la oferta entre dos o tres meses antes de aceptarla. Soy un conocido activista de los derechos humanos, lo cual, como es obvio, no encaja a escala local con el hecho de defender a Sadam. Pero al ver las fotos que se publicaron en Gran Bretaña de Sadam en ropa interior, pensé que habían degradado su dignidad y su humanidad. Pensé que aquel hombre tenía derecho a contar con un buen abogado. Así que defendí a Sadam el prisionero, no al Sadam dictador de una época. Sadam fue encarcelado por el ocupante y tenía todo el derecho a contar conmigo como abogado.

¿Puso su propia vida en peligro al aceptar defender a Sadam?

Cinco de mis colegas murieron de una forma violenta, verdaderamente espantosa. Por ser el defensor de Sadam también me trataron como a un prisionero en Irak. Durante el juicio, nos transportaban directamente desde el avión, en el aeropuerto, a un helicóptero. Era por nuestra propia seguridad, pero no éramos libres. Seguíamos un sistema y una cadena de órdenes estadounidenses. Como abogado, vi coartada mi libertad para ir y venir. No se cansaban de repetirme: “Te arriesgas a que te maten” y me advertían que ellos no asumirían la responsabilidad por mi muerte.

Irak no puede considerarse un país libre e independiente si los abogados tienen que ser escoltados hasta los aeropuertos y permanecer recluidos en una casa con otros 60 juristas, compartiendo tres habitaciones y dos lavabos. Nos sentíamos muy frustrados. Al cabo de una semana, empezábamos a volvernos locos.

Dr. Najeeb Al-Nuaimi. Foto: Tanya Habjouqa

¿Podemos hablar sobre el juicio en sí?

A Sadam lo derrotaron militarmente, pero no constitucionalmente. Puesto que fue derrocado en un acto de guerra, mantenía su estatus de presidente. La Convención de Ginebra lo protegía como prisionero de guerra, y Ginebra es muy clara en este sentido. Explica las herramientas y los medios por los cuales debe tratarse a un presidente, un comandante de guerra, sus tropas y sus armas. Pero Estados Unidos se saltó las leyes de Ginebra, porque, de aplicarlas, Sadam habría sido absuelto. Los americanos pensaron “¿Qué hacemos con esto?” y decidieron solventar el problema ellos mismos. Tras gastar millones de dólares, al señor Paul Bremer [director de Reconstrucción y Ayuda Humanitaria en el Irak de la posguerra] se le ocurrió la idea de establecer una corte especial denominada Tribunal Penal Central de Irak.

¿Se trata de un acto sin precedentes?

Bueno, incluso a Milosevic se le dieron plenos derechos para defenderse a sí mismo, se le concedió el derecho a tener un juicio justo. La diferencia es que el juicio de Milosevic estaba regido por las leyes internacionales. En Irak, Bremer instauró lo que denominó el Tribunal Número 1. Los estadounidenses siempre sermonean con que en el Tercer Mundo deberían eliminarse los tribunales especiales, con que no deberían existir tribunales militares, pero todo ese debate quedó borrado de un plumazo al establecer esta corte. Este tribunal especial lo crearon y lo diseñaron los estadounidenses.

¿Qué opinión le merece el desarrollo del juicio?

Fue un juicio de identidad étnica, no un juicio internacional. Debería haber sido imparcial y la defensa y la acusación deberían haber tenido el derecho de exponer sus alegatos. A mi equipo se le debería haber permitido expresarse de forma libre y abierta, pero cada vez que uno de nosotros se ponía en pie, los jueces decían: “Está bien, está bien, luego, luego podrán hablar”. No nos dio buena sensación ni nos infundió fe en el sistema.

Creo que si me hubiera enfrentado a un tribunal de rigor, independiente e imparcial, habría conseguido la absolución y Sadam no habría sido condenado a muerte. Se le debería haber permitido ejercer sus derechos constitucionales normales.

¿Cómo calificaría el estado de salud mental de Sadam antes de morir?

La última vez que vi a Sadam fue en julio, antes de que el tribunal nos prohibiera verlo, cuando el juicio estaba a punto de concluir. Estaba normal, teniendo en cuenta que tomaba medicación porque había padecido una cardiopatía. No hay que olvidar que no era un hombre joven. Y, además, llevaba detenido más de tres años sin entender por qué y anteriormente había sido el presidente de un país durante más de treinta años. Le preguntamos si quería ver a alguien y contestó: “Quiero ver a mi familia y a mi hija, pero mi familia no es el problema. Mis problemas son los problemas de Irak. No soy un criminal encarcelado que necesita hablar con su familia”.

¿Se le consintió a Sadam algún capricho en prisión?

Lo único que él pidió (y que recibió después de que le insistiéramos mucho al juez) era un radio para oír la BBC y unos Cohibas.

¿Qué opina de cómo se manejó la ejecución de Sadam y de las consignas pro Múqtada al Sáder que se exclamaron mientras lo ahorcaban?

Pues que reflejaba y revelaba dos cosas: cuánto odio albergaba el corazón del ejército de Mahdi, y el odio y la división que existe entre los partidos políticos del Irak actual. Ponía de manifiesto que todo el juicio de Sadam se basaba en aspectos étnicos y demostraba que sólo fue un juicio político, no un juicio sobre unos hechos.

Usted ha afirmado en público que el juicio fue una farsa. ¿Merecía la pena molestarse en defender a Sadam?

Sí, merecía la pena. Siempre se puede hacer algo. La mentira por sistema es peligrosa. Yo no puedo permanecer con los ojos cerrados cuando sé que se está cometiendo una injusticia.

¿Qué piensa que ocurrirá en Irak sin Sadam?

Creo que la muerte de Sadam ha puesto fin a una época.

¿Y qué esperanzas alberga para Irak ahora?

Bueno, hay mucha especulación. Se habla de una gran masacre que ocurrirá el 12 de junio, una masacre entre chiítas, estadounidenses, todo el mundo. Y eso ya no tiene nada que ver con Sadam. Ahora Sadam forma parte de la historia. Los americanos han abierto una caja de Pandora y nadie sabe lo que va a salir de ella. No habrá sentimientos ni arrepentimiento: sólo muerte.

Debería escribir un libro sobre su experiencia en el juicio de Sadam.

Estoy en contacto con un agente literario en los Estados Unidos, pero aún no tengo editor. Si leyérais ese libro, creo que lloraríais.

¿Dio Sadam en algún momento muestras de arrepentimiento?

Una vez le pregunté: “¿Por qué, Sadam? ¿Por qué? ¿Por qué invadir Kuwait?”. Y él simplemente se encogió de hombros y dijo: “Todo el mundo comete errores. Yo he cometido errores, pero creo que también he hecho algo por mi país”.

¿Al final le permitieron fumarse sus puros?

Sí, sí, disfrutó de sus Cohibas hasta el final.

ENTREVISTA DE HÉCTOR MUELAS Y JAMIE-JAMES MEDINA COORDINADO POR TANYA HABJOUQA