DOS & DON'TS









Fotos por cortesía de Career Suicide y Fucked Up
Fucked Up en concierto durante el pasado Halloween.








l problema de la mayoría de los grupos que hacen hardcore es que escuchan hardcore. Piénsalo un momento: en la era Reagan, los punks aparecieron de la nada y, básicamente, de esa misma nada, crearon algo. Sin grupos hardcore que los influenciaran, ¿qué coño iban a escuchar? Música, obviamente.

Career Suicide y Fucked Up son dos bandas de Toronto, nacidas con dos décadas de retraso y atascadas en la escena actual. Irónicamente, su hardcore rápido y desaliñado al estilo de principios de los 80 es un millón de veces más musical e implacable que el del 99% de los grupos mosh profesionales de la era MySpace, y los cortes y las magulladuras de sus seguidores nos recuerdan que este rollo aún puede ser potencialmente peligroso.

Vice: ¿El punk puede aún ser un peligro?

Martin (cantante de Career Suicide):
Hoy en día el mayor peligro que existe en un concierto es abrirte el cráneo con la marea de cámaras de las primeras filas. ¿Por qué cada punk se ha convertido en un puto fotógrafo? Por lo menos, los bolos se están animando de nuevo. Alguien me envió un vídeo de uno de nuestros conciertos de hace un par de semanas y fue divertido ver algunos amigos tambaleándose después de haberse lanzarse al público y fallar en el aterrizaje.

Damian (cantante de Fucked Up): Los Haymaker siempre dieron miedo. Parecían capaces de liberar toda la violencia reprimida contra la gente que les miraba: fuego, cristales rotos, sillas... era una puta pesadilla. A algunos de sus miembros los describiría como tipos legítimamente temibles.

¿Qué pensáis de, no sé... The Misfits?

Martin: ¿Hablas en serio? ¿Por qué razón iría alguien a ver a los Misfits? Tendrían que enviarme a 1980 en una máquina del tiempo y pagarme para que llegara a considerar siquiera a ese grupo ridículo. Sinceramente, por mucho que me guste la música de los Misfits, no puedo tomarme a la banda en serio: es un puro montaje de mierda.

Damian: La última vez que vi a los Misfits fue hace cuatro años. Un tipo se subió al escenario con una máscara de hockey y una chaqueta de cuadros escoceses y empezó a cantar para ellos. Resultó ser el cantante de Ignite y el concierto fue un desastre. Ni me imagino lo mal que deben estar ahora.

¿Alguna vez sentís pánico escénico?

Martin:
Por supuesto, pero nada que una intoxicación etílica no pueda resolver. Cuando empecé a tocar, me ponía tan nervioso que tenía que hacer algo para revolverme el estómago y distraerme así del miedo a tocar canciones a medio ensayar en algún antro ante un público de cinco personas. En uno de mis primeros conciertos, me empapé la mano de meado y me la restregué por toda la cara. Con esto logré removerme el estómago pero decidí que era mucho mejor emborracharse y convivir con el miedo al público en los conciertos futuros.

Damian: Yo solía cortarme y hacer el gilipollas en el escenario. Aún me pongo nervioso cuando damos un concierto y aparece la pasma, cosa que ha pasado en los últimos cinco conciertos. No es que odie a la pasma, sólo soy pasmafóbico. Me entran los tembleques y se me emborrona la vista.

¿A qué más le tenéis miedo?

Damian:
Por muy cliché que suene, le tengo pánico al futuro. También me dan mucho miedo los accidentes de coche.

Martin: A que mi padre me haga una mamada.

Damian: Tengo un amigo que limpia los cadáveres de la gente que se tira al metro. Es un tipo muy amable y familiar que sabe separar las cosas completamente. El hecho de que se pajeara con esa escena de Irreversible en la que golpean a un tío en la cabeza lo convierte en una persona muy intimidante ante mis ojos.

Damian, ¿qué te parece que tu banda viaje a Europa con un cantante suplente?

Odio ir de gira, incluso en los mejores momentos, y como banda no nos llevamos bien del todo. La perspectiva de estar en una furgoneta sentado con esos tipos, atravesando alguna antigua República Soviética disidente me ponía enfermo. Además, ahora mismo estoy fatal de dinero y mal por otras chorradas. En resumen, no ir con ellos ha sido la mejor elección y puede que incluso consiga salvar a la banda.

¿En qué lugares turbulentos habéis tocado?

Damian:
Acabo de leer una entrevista de un grupo indie-rock que decía que tocar en un centro social polaco había sido la ostia, entonces, siguiendo ese mismo criterio, todos los conciertos que hemos dado son turbulentos.

Martin: En nuestra primera gira europea, dimos un concierto organizado por unos gitanos que vivían en las afueras de una ciudad. Escoltaron nuestra furgoneta a lo largo de la autopista hasta una zona boscosa a unos cuantos kilómetros de la ciudad. La comuna gitana estaba en un claro del bosque con las caravanas dispuestas en círculo. Había basura por todas partes, las fogatas eran la única fuente de luz y los perros corrían alocadamente y ladraban a nuestra furgoneta. Era una escena de una película de terror barata, con luna llena y todo. Estábamos a punto de dar media vuelta cuando el promotor nos llevó al “local”, que sólo era una carpa enorme hecha con redes y mantas y un viejo generador de gasoil. El concierto fue increíble.

¿Los gitanos se golpeaban al bailar, se les iba la olla y todo eso?

Martin:
No, estaban sentados alrededor de la carpa gritando y rompiendo botellas, pero no por culpa de la música o algo similar sino porque son unos lunáticos tarados que viven en el bosque y que, básicamente, son menospreciados por el resto de la población. Había unos punks jovencillos muy auténticos que habían llegado hasta la comuna y que cantaban con nosotros a pesar de no saber inglés y de que no publicamos nuestras letras. Ojalá los gitanos se hubieran implicado más, supongo que habrían arrasado a los hardcoretas.

¿Qué aspecto tiene un gitano?

Martin:
Cruza un indio con un italiano, asegúrate de que lleva bigote y botas altas de piel y ahí lo tienes.

¿Cómo os gustaría morir?

Martin:
No me importa demasiado ya que seguramente lo recordaré poco. Sólo espero que no ocurra hasta dentro de mucho. La verdad es que me hace ilusión envejecer porque creo que será tremendo verse frágil y viejo. Me encanta fingir mi propia muerte. Tengo todo tipo de planes para hacerlo como, por ejemplo, viajo en tren y comienzo a respirar muy fuerte, entonces de repente me encorvo hacia delante y me caigo en el regazo de alguien y finjo que me muero. Con suficiente práctica puede que logre contener la risa hasta que lleguen los paramédicos.

Damian: Quiero morir aplastado por mi colección de discos.

¿Pero cómo creéis que vais a morir en realidad?

Martin:
El cáncer parece ser bastante popular entre una parte de mi familia, pero mejor me lo ahorro. En serio, mientras no suceda demasiado pronto y, sobre todo, no sea en un accidente de coche atroz cuando estamos de gira, no me quejaré demasiado cuando llegue el momento.

Damian: De un ataque al corazón o atropellado por un coche.

ARTIE PHILIE
Career Suicide ha publicado un par de cosas nuevas en Deranged Records. Fucked Up ni siquiera tienen website, asi que qué cojones queréis que os diga.